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PERIÓDICO CUBANO

San Lázaro: el santo al que los cubanos rinden tributo el 17 de diciembre

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San Lázaro: el santo al que los cubanos rinden tributo el 17 de diciembre

En lengua yoruba, Obalúayé significa “padre”, “rey”, “señor de la tierra, de la vida en la tierra”

Ligado o no a la santería y a las tradiciones yoruba, lo cierto es que San Lázaro es el segundo santo con más devotos en la isla de Cuba, lugar que ocupa detrás de la patrona, la Virgen de la Caridad del Cobre.

Al rendirle tributo cada 17 de diciembre, algunos de sus seguidores optan por cumplir promesas que implican autoflagelación o sentir algún tipo de dolor. Sus partidarios, este día, escogen como prendas de vestir aquellas donde predomine el color morado y la tela de saco de yute, representativos de esta famosa figura.

Lázaro, en el idioma de Israel significa “Dios es mi auxilio” y San Lázaro fue un personaje bíblico. En esa obra milenaria se le representa como amigo de Jesús y hermano de Martha y María Magdalena.

Lo ubican viviendo en Betania, pueblito situado a las afueras de Jerusalén, en una casa humilde donde, en al menos tres ocasiones, se hospedara Jesús y fuera bien acogido. Su nombre es utilizado como sinónimo de resurrección, pues murió y fue devuelto a la vida.

Luego de este suceso, uno de los más grandes milagros de esa etapa, no se le menciona más en el Nuevo Testamento. Se cree que partió rumbo a la isla de Chipre, donde fue elegido Obispo.

Desde su canonización se venera

Existen datos que mencionan una gran procesión cada sábado anterior al Domingo de Ramos hacia el Lazarium o tumba de San Lázaro.

Sin embargo, en el Evangelio de Lucas 16:19-21, aparece la parábola del rico epulón y el pobre Lázaro donde se precisa: “había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día un banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquel, lleno de llagas”.

Entonces, el San Lázaro al que hoy rendimos tributo es la unión de estos dos personajes. El revivido y canonizado y el mendigo en harapos y muletas.

Se representa, además de con el color morado, con perros que lamían sus heridas. Como la enfermedad que padecía el mendigo era lepra, se le asocia también como santo patrón y protector de este mal.

Usaba, además, una campana que debía hacer sonar, como leproso, para anunciar su llegada y que los demás se ocultaran. También andaba apoyándose en muletas y vestía de forma harapienta.

El Rincón de San Lázaro en Cuba

En Cuba existe el Santuario Nacional de San Lázaro, ubicado en la localidad de El Rincón, en las afueras de La Habana. Este lugar fue visitado por el Papa Juan Pablo II en 1998.

En ese sitio, además de los altares (no solo está el de San Lázaro, también se rinde tributo a la Caridad del Cobre, la Inmaculada, la Virgen de Regla y otros) y la capilla, existe una fuente, a cuya agua se le atribuyen poderes milagrosos y curativos.

Al lado de la ermita, donde se recibe cada año una peregrinación de fieles seguidores, se encuentra un hospital que actualmente trata a pacientes con padecimientos en la piel, aquellos que curaba San Lázaro.

Hace varios años, ese centro médico era conocido como Real Hospital de San Lázaro o Leprosorio San Lázaro.

¿Quién es Babalú Ayé, la deidad yoruba?

Para entender el entramado religioso de Cuba hay que remontarse a los tiempos de la colonia. Los peninsulares y criollos (hijos de españoles nacidos en Cuba) asentados en la isla eran devotos cristianos, mientras que los esclavos, mano de obra barata que traían desde África, adoraban a sus orishas.

Como estos últimos fueron despojados de todo rastro de identidad y humanidad posible, la única vía que encontraron para venerar a los suyos fue mezclarlos u ocultarlos tras las celebraciones cristianas.

Así nace el sincretismo religioso que caracteriza a la isla y, gracias a esto, cada 17 de diciembre, unos rinden tributo a San Lázaro y otros a Babalú Ayé. Aunque algunos piensen que es lo mismo, en realidad no lo son. Tienen puntos de confluencia, pero ambos poseen varias diferencias.

En lengua yoruba, Obalúayé significa “padre”, “rey”, “señor de la tierra, de la vida en la tierra” y se asocia con enfermedades como la viruela, la varicela, el sarampión y otras que afectan la piel, así como plagas y pestes; a su vez, como sanador, cura todas esas dolencias y padecimientos.

Los Orishas

Es este uno de los mayores orishas y de los que más devotos acumula. Algunos lo consideran descendiente directo de Obatalá.

En su historia, se le relaciona como pareja a Ochún, a quien engañó con otras tantas, pues era mujeriego y, a causa de ello, esta deidad decidió abandonarlo. Solo, y desobedeciendo las órdenes de Orula (dios de la sabiduría), se le llenó el cuerpo de llagas a causa de enfermedades venéreas. Murió, pero Ochún le devolvió la vida y, entonces, esta segunda oportunidad la aprovechó para hacer el bien.

Luego se convirtió en sanador de enfermedades semejantes a las que él padecía, toda vez que había experimentado esos malestares en carne propia.

Para identificarlo, su fecha de celebración es el 17 de diciembre, y el color representativo es el morado. Como atributo lleva dos perros que lo acompañan, así como un par de muletas y una campana triangular. Su traje es de saco de yute, adornado con caracoles.

Esos mismos caracoles están presentes en los elekes (collares y pulsos), acompañados de cuentas blancas con una raya azul; en algunos también se agregan cuentas de Oyá, tojas y negras.

En su día, puedes ponerle como ofrenda maíz tostado, ya sea la mazorca entera o los granos, agua de coco y también esta fruta entera, jutía y pescados ahumados, vino seco y otros elementos como ajo o cebolla. Como sacrificio, algunos inmolan animales vivos que pueden ser gallinas de guinea, gallos, palomas y chivos con barba.

Los que se determinan como hijos de Babalú Ayé deben ser personas preocupadas por los demás, ya sea por su bienestar físico y espiritual. Son compresivos y solidarios; a su vez, no son muy sociales, ni extrovertidos.

Quizás por coincidencia o debido a un pensamiento detrás, los esclavos camuflaron a su Babalú Ayé con San Lázaro. Este, hermano de María Magdalena, enfermó, estuvo envuelto en vendas, murió y fue resucitado, de ahí que sus imágenes las asocien a ancianos enfermos.

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