
El precio del aceite vegetal volvió a dispararse en Cuba, pasando de 2.000 a 3.000 pesos cubanos (CUP) el litro en menos de 24 horas, un aumento del 50% en prácticamente una noche.
El periodista Yosdany Morejón Ortega, de Radio Sancti Spíritus, denunció que en esa provincia el aumento de precio del aceite se dio sin ninguna explicación por parte de las autoridades, agravando la crisis alimentaria de la región.
La repentina subida de precios deja a uno de los productos básicos para cocinar prácticamente fuera del alcance de gran parte de la población, pues el incremento prácticamente consume el nuevo salario mínimo de 3.210 pesos, aprobado para julio pero que comenzará a pagarse en agosto.
El comunicador lamentó que el anunciado aumento salarial ya haya perdido gran parte de su poder adquisitivo antes de siquiera llegar a los trabajadores y criticó la ausencia de medidas para proteger a los consumidores frente a la inflación.
Morejón también advirtió que el alza del aceite es solo un ejemplo de una tendencia que afecta a numerosos alimentos. En su publicación recordó que meses atrás el litro costaba alrededor de 1.300 pesos y aseguró que la escalada de precios parece no tener límites.
Mientras tanto, las familias cubanas se ven obligadas a eliminar cada vez más productos de su lista de compras, pues el incremento no se limita a Sancti Spíritus.
En los últimos días, el litro de aceite superó los 2.000 pesos en varias provincias del país. En Isla de la Juventud se comercializaba por unos 2.800 pesos; en Trinidad alcanzaba 2.650; en Holguín y San Luis rondaba los 2.350, mientras que en municipios de La Habana ya sobrepasaba los 2.000 pesos.
La subida coincide con la entrada en vigor de la Resolución 150/2026, que eliminó los precios máximos para los aceites comestibles importados.
La medida derogó la regulación anterior, que fijaba un tope de 990 pesos por litro, dejando el precio sujeto a la oferta y la demanda, en un mercado atravesado por la escasez.
A esta situación se suma la falta de distribución mediante la libreta de abastecimiento. El propio ministro de la Industria Alimentaria, Alberto López Díaz, reconoció que durante 2026 no se habían entregado productos como aceite, pollo o yogurt por ese sistema.
Con estos cambios, y considerando que muchos alimentos no están disponibles en la moneda nacional, la mayoría de los cubanos depende de mercados informales y revendedores.
Muchos alimentos y productos básicos solo pueden adquirirse en las tiendas que venden exclusivamente en dólares estadounidenses o mediante tarjetas en moneda libremente convertible, monedas solo disponibles para quienes cuentan con familia en el exterior, especialmente ahora que el turismo ha prácticamente abandonado la Isla.
También están la dificultad para obtener efectivo, aunque sea en moneda nacional, y el hecho de que muchos locales se niegan a recibir pago por transferencia, otro obstáculo para las familias cubanas.
La escasez de aceite agrava además las dificultades cotidianas para preparar los alimentos, lo que ya es impedido por los prolongados apagones, que impiden cocinar durante horas, mientras el gas licuado continúa siendo escaso y costoso en el mercado informal.
El carbón también ha aumentado de precio debido a la alta demanda, por lo que numerosas familias han vuelto a utilizar leña para preparar sus comidas, una práctica que se había reducido años atrás, pero que reaparece como consecuencia de la crisis energética y del desabastecimiento.
La falta de combustible ha añadido otra presión sobre el mercado. En meses recientes se documentaron casos de agricultores y transportistas que utilizaron aceite vegetal como sustituto del diésel ante la imposibilidad de conseguir combustible, contribuyendo a reducir aún más la disponibilidad del producto.
Mientras tanto, el Gobierno ha anunciado planes para incrementar la producción nacional de soya, aunque reconoce que la fabricación de aceite comestible continúa siendo un objetivo a largo plazo, sin una solución inmediata para una población que enfrenta cada vez más dificultades para alimentarse.