
La crisis eléctrica en Cuba no da tregua. Para este jueves 26 de marzo, la Unión Eléctrica (UNE) pronosticó un déficit de 1.985 MW durante el horario pico. La cifra significa que dos tercios del país estarán en apagón.
La magnitud del deterioro quedó reflejada también en la jornada previa. Según el parte oficial de la UNE, la máxima afectación del miércoles fue de 1.885 MW. Entre las causas expuestas por las autoridades figuran múltiples averías en centrales termoeléctricas clave y varias unidades fuera de servicio por mantenimiento.
Hay fallas en las unidades 5 y 8 de la CTE Mariel; en las unidades 1 y 3 de la CTE Santa Cruz; en la unidad 2 de la CTE Felton; y en las unidades 3, 5 y 6 de la CTE Antonio Maceo. A eso se suman el mantenimiento de la unidad 6 de Mariel y la unidad 5 de Nuevitas, además de 347 MW fuera de servicio por limitaciones en la generación térmica.
Adicionalmente, hay escasez total de combustible, por lo cual más de 1.000 MW de la generación distribuida no están disponibles.
La reacción ciudadana al parte oficial fue inmediata y estuvo marcada por el temor a una desconexión total del sistema. Varios comentarios apuntaron a que, con 1.045 MW de generación frente a 3.000 MW de demanda, el SEN podría volver a colapsar “en cualquier momento”.
Otros usuarios hablaron de un “conteo regresivo” hacia otra caída y de un sistema que, en la práctica, ya no logra levantarse del todo. El tono dominante fue de alarma, burla amarga y cansancio acumulado.
Las consecuencias de los apagones aparecen descritas en los testimonios con una crudeza que rebasa el dato técnico. En Pedro Betancourt, una usuaria denunció 41 horas sin corriente ni agua.
En otros lugares se repiten quejas por la imposibilidad de bombear agua a los tanques, cocinar en la tarde o conservar cierta rutina básica.
Una mujer de 86 años contó que llevaba una semana sin poder subir agua por falta de fuerza en el servicio, mientras otros residentes denunciaron cortes de 15 horas o más en bloques de Playa, Alamar y otros repartos.
Algunos denuncian que siempre se castigan los mismos circuitos, incluso en horarios sensibles como el almuerzo, la noche o la madrugada. Otros piden que se revise la distribución de las interrupciones, al considerar que el tratamiento es desigual y abusivo.
Junto al reclamo por la falta de electricidad aparece una lectura más política de la crisis. Varios usuarios responsabilizaron al Partido Comunista por la situación, hablaron de “miseria constante” y calificaron al país como un “desastre” desde cualquier ángulo.
También hubo quien ironizó con los partes diarios de la UNE, quien denunció que el pueblo vive una “tortura” y quien afirmó que el sistema ya no sostiene ni una mínima credibilidad. En ese intercambio, la indignación se mezcla con resignación, rabia y un sentimiento de abandono.
Votaron por la CONTINUIDAD así que coman continuidad de hambre, miseria y apagones.