
El precio promedio de una casa en Estados Unidos subió a 410.200 dólares al cierre de la tercera semana de julio, lo cual marca un nuevo récord, solo por detrás en un 0.9% del máximo histórico, que se alcanzó en junio de 2022, cuando fue de 413.800 dólares.
De acuerdo con la Asociación Nacional de REALTORS, el mercado inmobiliario está falto de inventario y por eso los precios están al alza, a pesar de que las altas tasas de interés para financiar la compra de una vivienda están inhibiendo que más personas se animen a comprar una casa.
Los registros de la asociación indican que durante todo el mes de junio, un tercio de las viviendas vendidas se pactó por un precio que era superior al promedio. Las alzas más significativas se dieron en el noreste y el medio oeste, mientras hubo ligera disminución en el sur y el oeste del país.
El economista y jefe de investigación del grupo, Lawrence Yun, dijo que en la actualidad hay un déficit de inventario, que se mantuvo en 1.08 millones de unidades a finales de junio pasado. Ello hizo que junio se convirtiera en el tercer mes en superar la barrera de los 400.000 dólares por una vivienda promedio, algo solo visto en mayo y junio de 2022.
Miami es una de las ciudades donde es más costoso comprar
Miami tiene el complicado honor de ser el mercado de viviendas menos accesible en todo EEUU. La vivienda promedio en la urbe más grande del sur de la Florida tiene un precio promedio de 590.000 dólares, que es 5.000 más alto que el mes anterior, según el Índice de Asequibilidad de RealtyHop.
Para que un ciudadano promedio pueda financiar esa vivienda, necesitaría dedicar el 80.6% de sus ingresos anuales para el pago de las cuotas de propiedad. Con gastos de cierre, intereses y el abono a capital, un préstamo hipotecario medio es de 3.170 dólares al mes.
Para un comprador de vivienda que adquiere una hipoteca de 400.000 dólares, el pago mensual de capital e intereses ha pasado de $2.637 a $2.720 en tan solo una semana. Este incremento ha tenido un impacto significativo en los compradores, quienes ahora deben lidiar con mayores costos hipotecarios o, en el peor de los casos, ya no califican en el estudio de riesgo que hacen las entidades bancarias antes de prestarles el dinero.

