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Terremotos en Venezuela: ¿cuánto tiempo puede sobrevivir una persona bajo los escombros?

Labores de rescate tras los terremotos en el norte de Venezuela
Cubanos desparecidos podrían estar atrapados o fallecidos entre los escombros de los terremotos en Venezuela. (Foto © Rafael Lander)

Los equipos internacionales de rescate que operan en Venezuela ejecutan una carrera contra el tiempo para localizar sobrevivientes atrapados bajo el colapso de al menos 250 edificaciones urbanas.

El desastre geológico, compuesto por dos sismos de magnitudes 7.2 y 7.5 registrados con un minuto de diferencia, representa el evento telúrico más potente en el país desde 1900.

Ante la enorme acumulación de mampostería, especialistas de la salud y el salvamento precisan que la resistencia humana depende de factores críticos como la postura inicial, el suministro de oxígeno y la hidratación.

La ventana operativa resulta crucial, dado que la mayor cantidad de rescates exitosos ocurre estrictamente durante las primeras 24 horas posteriores al desastre.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) establece de forma regular la suspensión de las maniobras de búsqueda y salvamento en un periodo de entre cinco y siete días después de la catástrofe. Las misiones multilaterales ejecutan este cese protocolar tras confirmar la ausencia total de rescates con vida durante uno o dos días consecutivos.

Sin embargo, la preparación previa de las comunidades locales y la adopción de medidas de emergencia específicas determinan de manera directa la esperanza de vida en el subsuelo. Las brigadas internacionales orientan sus esfuerzos hacia la localización de bolsas de aire formadas por muebles y estructuras resistentes.

“Ser capaz de adoptar la postura de ‘agacharse, cubrirse y sujetarse’ crearía un espacio de supervivencia, una bolsa de aire”, explicó el coordinador de la Asociación Turca de Búsqueda y Rescate (AKUT), Murat Harun Ongoren.

La técnica consiste en arrodillarse, buscar refugio bajo un escritorio fuerte y sostenerse firmemente hasta que terminen las réplicas. Los expertos insisten en que la educación ciudadana sobre estos protocolos suele ignorarse, a pesar de que dictamina las probabilidades de supervivencia. La funcionaria técnica de la OMS, Jetri Regmi, añade que ponerse a cubierto optimiza las opciones de éxito.

El suministro constante de oxígeno y agua representa la variable fundamental para los sobrevivientes que no presentan lesiones físicas graves. La presencia de laceraciones complejas o la pérdida de sangre acelerada reduce la expectativa de vida a menos de 24 horas.

El especialista en cuidados intensivos de la Universidad de Duke, Richard Edward Moon, advierte que un adulto pierde un promedio de 1.2 litros de agua diarios mediante la orina, la sudoración y la exhalación. El cuerpo humano entra en un estado de gravedad extrema al acumular una pérdida de ocho litros de líquidos.

Las estimaciones médicas generales sugieren que un individuo sin hidratación logra resistir un periodo máximo de entre tres y siete días. Las personas con traumatismos severos en la columna vertebral, la cabeza o la caja torácica poseen escasas probabilidades de sobrevivir al día siguiente si no reciben atención inmediata en centros de traumatología. Las brigadas de auxilio deben prever también las complicaciones médicas posteriores a la extracción, como el denominado síndrome de aplastamiento. Esta condición médica ocurre cuando los músculos comprimidos por los escombros liberan toxinas dañinas de forma masiva por todo el organismo.

Las condiciones meteorológicas estivales del Caribe imponen un desafío térmico severo para las personas atrapadas en espacios confinados. El calor extremo acelera el proceso de deshidratación biológica y reduce de manera drástica el tiempo de supervivencia de las víctimas.

Por el contrario, un adulto promedio tolera temperaturas ambientales de hasta 21°C sin perder la capacidad de retener su propio calor corporal. Las temperaturas frías extremas exponen a los sobrevivientes a cuadros letales de hipotermia, dependiendo del nivel de aislamiento del refugio.

El bienestar mental y la capacidad de autocontrol constituyen factores psíquicos determinantes que los rescatistas evalúan en el terreno. El pánico acelera la frecuencia respiratoria y el gasto energético, lo que agota las reservas de oxígeno en las cavidades subterráneas.

“Necesitamos ser fuertes mentalmente para poder sobrevivir”, enfatizó Ongoren al recomendar el control estricto de los sentidos para racionar las fuerzas. Los especialistas aconsejan mitigar el miedo, disminuir los gritos innecesarios y focalizar el pensamiento exclusivamente en la resistencia.

Los registros históricos mundiales demuestran que la determinación humana logra superar los plazos promedio estipulados por la ciencia. Tras el terremoto de 1995 en Corea del Sur, las unidades de emergencia rescataron a un ciudadano que sobrevivió diez días bebiendo agua de lluvia y consumiendo cartón. El sobreviviente utilizó un juguete infantil para mantener sus facultades cognitivas activas durante el aislamiento. Estas crónicas otorgan sustento técnico a las operaciones que continúan activas en las zonas afectadas de Venezuela.

En mayo del año 2013, los equipos de salvamento extrajeron a una mujer de las ruinas de una fábrica colapsada en Bangladesh tras 17 días de encierro. La ciudadana sobrevivió mediante el consumo de alimentos secos guardados y golpeó varillas metálicas para llamar la atención de los brigadistas. “Escuché las voces de los equipos de rescate durante varios días… Nadie me escuchó”, relató la víctima tras su evacuación. El caso evidencia la importancia de mantener las búsquedas minuciosas en estructuras industriales.

La catástrofe de Haití en enero de 2010, que provocó la muerte de más de 220,000 personas, también registró eventos extraordinarios de supervivencia. Un hombre resistió 12 días bajo los restos de una tienda comercial, mientras que otro ciudadano fue localizado con vida tras pasar 27 días sepultado. Los médicos militares asocian estos éxitos a la presencia accidental de suministros básicos dentro del perímetro del colapso. Los hallazgos impulsan la continuidad de los rastreos sonoros en edificaciones comerciales.

El antecedente de mayor permanencia bajo estructuras colapsadas ocurrió dos meses después del terremoto de octubre de 2005 en Cachemira, Pakistán.

Una mujer de 40 años, identificada como Naqsha Bibi, fue hallada con vida por sus familiares dentro del espacio de su cocina destruida. La sobreviviente presentaba una rigidez muscular severa y una debilidad extrema que le impedía emitir sonidos. “Al principio pensamos que estaba muerta, pero abrió los ojos cuando la sacábamos”, declaró su prima a la prensa.

 

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