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PERIÓDICO CUBANO

¿Tienes voz amanerada y blanda? El ICRT no te necesita

Estados Unidos

¿Tienes voz amanerada y blanda? El ICRT no te necesita

El audio que ha encendido el debate en las redes confirma la homofobia institucionalizada de la que fui víctima

Periodista cubano Carlos Cabrera (Foto: Cortesía del autor)

Siempre quise esperar el momento oportuno para contar mi historia sobre el por qué emigrar era la solución inminente y alejarme de Cuba serían el comienzo de mis pretensiones.

Aunque recuerdo que someramente hice mención a ella hace algunos años cuando llegué a Miami y traté de emprender camino en algún que otro programa de televisión en los que muchos recién llegados participábamos sin saber a qué nos enfrentábamos, en el que quedarse callado era lo mejor por el temor latente de querer regresar y abrazar a la familia, entre otros, y nos dejábamos utilizar por los presentadores y productores con el afán de enrumbarnos profesionalmente.

Hoy, escuchando a Yusimi González, me regresé al 2013 y literalmente se me retorcieron las tripas. Reviví mi historia, que es también la de muchos como yo y la de otros que, aún silenciados, continúan allí oprimidos, sin hacerse valer por su calidad humana y profesional. Muchos que llegan al ataúd y nunca “salieron del closet” por temor a perder sus posiciones en el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT)

Corría el año 2013 y yo era un pichón de periodista, egresado hacía unos meses de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Un joven provinciano que el 25 de agosto de 2005 agarró un maletín y todo cuanto le regalaron familiares, amigos, vecinos y enfrentaba cualquier obstáculo por difícil que fuera para lograr su sueño: traspasar la pantalla de la televisión cubana y llegar a través de un reportaje a toda Cuba y el mundo, pero sobre todo a su Mayajigua natal.

Mis primeros pasos como reportero fueron en el Noticiero Juvenil. A mi cargo estaban las noticias nacionales e internacionales. Logré cubrir algún evento cultural e incluso me pegaba a los periodistas de las culturales. Con sus cámaras y micrófonos lograba hacer mis trabajos y sacarlos cada sábado, pues una vez graduado me visualizaba como reportero de esa redacción.

Periodista cubano Carlos Cabrera (Foto: Cortesía del autor)

Fue entonces que conocí personalmente a la más estelar de las periodistas cubanas: Loly Estevez. “La profe”, como comúnmente la llame meses después, estaba buscando un reportero para su programa Diálogo Abierto. Irma Cáceres, quien conocía de mis aspiraciones no dudó en proponerme, y fue entonces que comencé a formar parte de la familia del programa de crítica cultural que cada lunes llegaba a través del Canal Educativo, el que aún recuerdo con mucho amor y el que tanto aportó a mi realización profesional.

Luego tuve oportunidad de hacer algún trabajo para el noticiero del cierre de la TVC y otros espacios informativos. Muchas veces me quedaba sin comer porque llegaba tarde a la beca, tocaba subir 22 pisos sin ascensor, llegar al cuarto y no tener agua para bañarme, lo cual no era relevante en mi ahínco de disfrutar la magia de la televisión y nutrirme de los conocimientos de quienes por años vi como fuente de inspiración para mí.

Me gradué en el 2012 y, como resultado de la burocracia cubana, no puede ser ubicado en el ICRT. Mi dirección correspondía a mi provincia y allí el país me necesitaba para cumplir mi servicio social. Tocaba viajar de Yaguajay a Sancti Spíritus todos los días en camiones, Yutong o lo que apareciera y cumplir cabalmente dos años en pago a la Revolución por haberme formado. Me negué a dejar La Habana, a renunciar a mis sueños.

La Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI), que en aquel entonces sobresalía por su infraestructura entre las universidades cubanas, era la solución para estar más cerca de la capital, aunque tuviese que compartir el cuarto, comer en un comedor e incluso subordinarme a una directora graduada en Medicina Veterinaria, pero agente de la Seguridad del Estado.

No puedo negar que allí aprendí muchísimo. Conocí un sinnúmero de Presidentes, personalidades de cualquier ámbito a nivel mundial que llegaban a la UCI para conocer lo que en aquel momento era el modelo por excelencia de la Educación Superior en Cuba.

Fui junto a mi amiga Eiry Rodríguez el que cubrió aquel peculiar encuentro entre Eliecer Ávila y Ricardo Alarcón de Quesada. Tremendo el susto que pasé cuando se filtró el video en Univision 23 y me llevaron hasta Villa Marista. Recuerdo cuando junto a un excelente equipo de trabajo hicimos el documental de la Plaza Niemeyer; el día de la inauguración entrevisté a Frei Betto y estuve allí entre los más cercanos a la comitiva que develaron la estatua regalada a Fidel Castro por su cumpleaños 80.

Aunque la UCI me había acogido, sentía que no era mi lugar. Nunca me quisieron firmar la baja, pero nada me impidió llegar al ICRT. Nelson Santana, Lupe Fuentes, Loly Estevez, Yamila Nápoles, Julita Osendi, Amelia Flores, Marino Luzardo, Raquel Mayedo, Oton Badia, Dumay, Mónica, Anay, Celia, Maylin, Margarino, entre otros, no dudaron en tenderme su mano y dar riendas sueltas a mis deseos de superación profesional.

Periodista cubano Carlos Cabrera (Foto: Cortesía del autor)

Comencé a crecer. Todo me parecía incierto. Cada llamada de mi familia o mis amigos con señalamientos u ovaciones eran el mejor regalo. El trato cortés de los más guapos de Espada y Neptuno cuando llegaba el periodista, pero sobre todo el cariño de los televidentes, esgrimieron cualquier deseo de emigrar por mucho que siempre lo desee.

Pero allí estuvo Bárbara Betancourt, en aquel entonces directora del Sistema Informativo, para avivar los deseos e impulsarme a tomar la decisión más acertada de mi vida. No podía darme la plaza de reportero de culturales porque yo era afeminado.

Se hicieron varias reuniones y Carlos Armando Cabrera Gutiérrez no resultaba tener los requisitos adecuados para que Clotilde Serrano lo aceptara en la redacción.

El audio que ha encendido el debate en las redes, en el que la directora de Comunicación del ICRT parece regañar a un grupo de directores de programas en la radio cubana por permitir a locutores, periodistas y colaboradores con voces ‘platinadas’, a su juicio ‘suaves, amaneradas y afeminadas’, confirma la homofobia institucionalizada de la que fui víctima.

En lo que cientos de usuarios exigen su renuncia del cargo que ocupa, el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) ha enviado a uno de sus activistas, el periodista Francisco Rodríguez Cruz, a pedirle cuentas a Yusimi, pero la ejecutiva no ofrece disculpas y se hunde más en su callejón sin salida argumentado que el audio en cuestión fue manipulado.

Clotilde Serrano, Bárbara Betancourt y Yusimi González son solo la expresión de algo mayor: la política de exclusión de la Revolución Cubana dictada por Fidel Castro.

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