
La actriz y locutora Laritza Camacho denunció el pasado sábado la presencia de decenas de jeringuillas desechadas en el parque de la Normal, en La Habana. En un post de Facebook, ironizó sobre el “panorama” y preguntó si se trataba de una “campaña antitetánica”, aludiendo al evidente riesgo para la población, en especial para niños que juegan en la zona.
“Las agujas están al alcance de cualquiera… ¿Quién le pone el cascabel al gato?”, escribió. Asimismo, agregó: “resulta difícil por estar sobre la yerba, recoger esos materiales, incluso si lo hace alguien de comunales, debe seguir un protocolo… y un lugar determinado para echar los desechos”.
Un día después de su publicación, Camacho compartió una actualización asegurando que todas las jeringuillas habían sido recogidas. La denuncia ocurre mientras hospitales cubanos reportan un colapso por el incremento de casos de dengue y otras enfermedades.
La falta de medicamentos y el sobrecargo del personal agravan la situación. Una madre relató el jueves largas colas en el Hospital Pediátrico “Juan Manuel Márquez”, donde decenas de niños deben anotarse en listas improvisadas para ser atendidos en el cuerpo de guardia.
Testimonios en redes sociales describen condiciones higiénicas deficientes. “Da asco y tristeza solamente de entrar. Los familiares de los niños están tirados en el piso, la basura arrinconada, una peste terrible en los baños”, publicó el usuario Antonio Fernández al compartir un video de la cubana Glenda Rancaño.
En paralelo, la activista Idelisa Diasniurka Salcedo mostró un documento médico para menores con síndrome emético, que recomienda reposo y rehidratación oral sin medicación, reflejo de la escasez en la red pública.
El manejo inadecuado de jeringuillas usadas representa un riesgo directo de accidentes por pinchazo. Un contacto percutáneo con material contaminado puede exponer a virus transmisibles por sangre como hepatitis B y C, VIH, además de agentes bacterianos que causan infecciones severas de piel y tejidos.
La exposición accidental en espacios públicos incrementa el peligro porque cualquier transeúnte—en especial niños—puede manipular el desecho sin comprender su riesgo.
Además, el abandono de residuos cortopunzantes en parques y calles eleva la vulnerabilidad de trabajadores de limpieza y vecinos que intentan retirarlos sin equipo.
La gestión segura exige depositarlos en contenedores rígidos para “punzocortantes”, sellados y rotulados, y su posterior tratamiento especializado (inactivación o incineración). La ausencia de estos procedimientos facilita brotes y erosiona la confianza en la capacidad de respuesta sanitaria.