
El presidente Donald Trump ordenó la eliminación del peaje de 9 dólares para ingresar a Manhattan, una medida que generó controversia desde su implementación por parte de las autoridades locales en enero pasado.
La decisión fue anunciada por el secretario de Transporte, Sean Duffy, quien argumentó que el cobro perjudicaba a la clase trabajadora y a los pequeños negocios. La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, aseguró que el estado luchará por mantener la medida en los tribunales.
El peaje, implementado el 5 de enero, buscaba reducir la congestión y generar ingresos para la Autoridad Metropolitana de Transportes (MTA). Sin embargo, la administración de Trump revocó su aprobación federal, calificándolo como una “bofetada en la cara” para los trabajadores. La decisión genera incertidumbre sobre el financiamiento del sistema de transporte de la ciudad.
“La tarifa por congestión ha muerto. Manhattan y todo Nueva York están salvados. ¡Viva el rey!”, escribió Trump desde su perfil en la red Truth Social. Sus declaraciones generaron críticas, incluyendo la respuesta de Hochul, quien recordó que “Nueva York no ha sido gobernada por un rey en 250 años y no comenzará ahora”.
Duffy explicó que la tarifa afectaba negativamente a los negocios que dependen de clientes de Nueva Jersey y Connecticut. Mientras tanto, la MTA informó que en la primera semana de febrero el tráfico dentro de la zona de peaje cayó un 9% en días laborales. Organizaciones ecologistas y urbanistas defienden la medida, argumentando que contribuye a la movilidad sostenible.
Ciudades como Londres, Singapur y Estocolmo han implementado sistemas similares para reducir el tráfico y mejorar el transporte público. En Nueva York, la tarifa habría financiado mejoras en el metro, utilizado por cuatro millones de personas a diario. Críticos advierten que sin estos ingresos, el deterioro del sistema podría acelerarse.
Horas después del anuncio de la administración Trump, la MTA presentó una demanda federal para mantener el peaje. La gobernadora Hochul aseguró que el estado continuará defendiendo la medida en los tribunales. Expertos legales señalan que el desenlace dependerá de la interpretación judicial sobre la autoridad federal en regulaciones de transporte urbano.
El alcalde de Nueva York, Eric Adams, se ha mantenido neutral, afirmando que “si el gobierno federal tiene la autoridad para hacerlo, debemos aceptarlo”.
El fin del peaje es visto como un alivio económico para algunos conductores, pero también como una amenaza para el financiamiento del transporte público. Residentes de Nueva York y Nueva Jersey están divididos: algunos celebran la eliminación del cargo, mientras que otros temen un deterioro en la calidad del metro y los autobuses.
El peaje de congestión en Nueva York tiene antecedentes de casi dos décadas. En 2007, el entonces alcalde Michael Bloomberg propuso la medida basada en modelos de ciudades como Londres y Singapur. La iniciativa fue rechazada en la Asamblea estatal, pero resurgió en 2017 bajo el mandato del gobernador Andrew Cuomo. En 2019, el primer cobro fue implementado en taxis y vehículos de alquiler, y en 2021, la administración Biden aprobó su aplicación general.
A pesar de múltiples desafíos legales y retrasos, el programa inició el 5 de enero de 2024 con un costo de 9 dólares por vehículo en Manhattan. La gobernadora Hochul redujo la tarifa original de 15 dólares antes de su entrada en vigor. En sus primeras semanas, la MTA reportó mejoras en el tráfico y un aumento en el uso del transporte público.