
El humorista cubano Ulises Toirac salió al paso en redes sociales a las críticas de un defensor del régimen de La Habana que lo acusó de “hipócrita” por atenderse en un hospital público de la Isla, tras haber cuestionado durante años la ineficiencia del sistema sanitario.
El ataque provino de un usuario nombrado Roberto Herrera, quien escribió un mensaje acusando a Toirac de recurrir al Instituto Ramón Pando Ferrer para tratar su enfermedad ocular, a pesar de haber calificado de colapsado el modelo cubano. En su publicación, aseguró que “la misma tierra que Ulises dice que no sirve, le devolvió la vista”.
Con un marcado tono propagandístico, el comentario insistía en que la medicina cubana sigue siendo un ejemplo de “dignidad” y que, frente a la necesidad, incluso los críticos confían en ella. El mensaje fue compartido con la etiqueta oficialista “#CubaEsSalud”, lema usado por las campañas del régimen para contrarrestar denuncias de escasez y precariedad en hospitales.
La respuesta de Toirac desmontó punto por punto los señalamientos. “No me han devuelto la salud. Lo que se intenta es detener una enfermedad incurable”, afirmó. Además, aclaró que no “vino” a Cuba para atenderse, porque vive en el país, y denunció la manipulación política de un problema estrictamente médico.
El humorista fue más allá al recordar su trayectoria artística de cuatro décadas, en la que protagonizó programas de televisión de máxima audiencia y espectáculos teatrales con récord de taquilla. “Con lo que he aportado a esta nación, pudiera haberme comprado un hospital”, sostuvo, en una clara crítica al bajo salario que perciben los artistas en Cuba.
Toirac reconoció la entrega y el sacrificio de los profesionales de la salud, pero denunció la precariedad del sistema en su conjunto. “Que me atiendan en un hospital público no puede secuestrar mi opinión ni borrar los desatinos que se cometen en este país”, escribió en su publicación.
El actor señaló que, a diferencia de los dirigentes, no recibe atención en clínicas privadas reservadas a la élite, sino en las mismas instalaciones a las que acude el pueblo. Con ello, subrayó la desigualdad que marca el acceso real a los servicios médicos en Cuba.
También calificó como “fascista” la pretensión de negar asistencia médica a un ciudadano por sus opiniones políticas. Para el comediante, esa narrativa es muestra de la “endeblez” de los argumentos oficialistas, que intentan coartar la libertad de expresión con descalificaciones personales.
Hace unas semanas, Toirac reveló que padece degeneración macular, enfermedad ocular progresiva que afecta la visión central y carece de cura definitiva. Tras perder capacidad visual en el ojo derecho, ahora enfrenta síntomas en el izquierdo.
Según dio a conocer el artista, recibe inyecciones de bevacizumab, un medicamento usado originalmente contra el cáncer y aplicado en la forma húmeda de la enfermedad, con el fin de retrasar la pérdida de visión. Aunque el tratamiento ha frenado el deterioro, la situación amenaza su capacidad para seguir con su trabajo creativo.
El enfrentamiento en redes refleja la polarización de la sociedad cubana: mientras unos lo acusan de incoherencia, otros defienden su derecho a criticar al gobierno y a la vez exigir un servicio que le corresponde como ciudadano.
El caso expone cómo el régimen intenta capitalizar la salud pública como propaganda política, mientras sus hospitales sufren escasez de insumos, largas listas de espera y un éxodo masivo de profesionales.