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Una descarga de 33.000 voltios le cambió la vida a este joven tunero

Una descarga de 33.000 voltios le cambió la vida a este joven tunero
Joven cubano queda con graves secuelas tras descarga eléctrica en una unidad militar. (Captura de pantalla © Noly Black – Facebook)

Un joven de Las Tunas que sufrió una descarga de 33.000 voltios mientras cumplía el Servicio Militar Obligatorio en La Habana denunció que no ha recibido compensación económica del Estado cubano por las lesiones que casi le cuestan la vida.

El accidente ocurrió el 24 de noviembre, cuando se encontraba de guardia en una instalación militar, y sus consecuencias lo dejaron con dificultades para caminar y dependiente de los cuidados de su madre.

El caso, difundido por el activista holguinero Norge Ernesto Díaz Blak, conocido como Noly Blak en redes sociales, generó una ola de solidaridad dentro y fuera de Cuba.

Durante una entrevista publicada en Facebook, el activista preguntó al joven si había recibido dinero por el accidente. “¿Y un dinerito por el accidente?”, le preguntó Blak. La respuesta del muchacho fue negativa. Ante una segunda pregunta para confirmar la información, insistió: “No”.

El joven cuenta que permaneció un año y tres meses ingresado en terapia intensiva en el Hospital Naval de La Habana. Además, necesitó una traqueotomía y recibió el alta el 10 de enero, pero las lesiones provocadas por la electricidad aún limitan su movilidad.

Según explicó su madre, el joven se encontraba de servicio en una posta donde no disponía de agua y tampoco podía abandonar su puesto. En un intento por conseguir un coco para calmar la sed, utilizó una vara que entró en contacto con una línea eléctrica de alta tensión.

“Sí, pa tumbar un coco. Y ya de ahí no me acuerdo más nada”, relató el joven al recordar el momento previo al accidente.

La descarga afectó distintas zonas de su cuerpo, entre ellas los brazos, las piernas, el abdomen y la espalda. El prolongado ingreso hospitalario evidencia la gravedad del episodio, mientras que la ausencia de una compensación, según la familia, añade otra preocupación al proceso de recuperación.

Tras regresar a Las Tunas, el joven quedó bajo el cuidado de su madre en Palancón, uno de los sectores con mayores carencias de la provincia.

La mujer, de 47 años, afirmó que durante la hospitalización desarrolló una enfermedad cutánea y que no ha podido adquirir los medicamentos indicados por los médicos.

“No he podido comprar los medicamentos que me mandaron porque no tengo ayuda y no puedo trabajar porque yo no lo puedo dejar solo”, explicó.

La precariedad también alcanza la alimentación. Al ser consultada sobre la comida disponible en el hogar, respondió: “Espagueti blanco con sal y aceite”. Ante la situación de la familia, Noly Blak promovió una campaña de recaudación para cubrir sus necesidades.

Las ayudas se organizaron mediante listas públicas de colaboradores en pesos cubanos y dólares, un mecanismo que el activista emplea para informar sobre los fondos recibidos y su destino. En el video dejó su número de WhatsApp para quienes quieran sumarse y aportar a la causa.

La iniciativa coloca en el foco las condiciones que enfrentan algunas familias cubanas cuando un recluta sufre un accidente durante el cumplimiento del servicio militar. También coincide con un informe del Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana, publicado el 20 de julio, que documentó al menos 97 reclutas muertos o desaparecidos entre 2001 y la primavera de 2026.

El estudio atribuye el 22,7 % de los casos registrados a accidentes y advierte que el número podría ser superior ante la falta de estadísticas oficiales. «Mientras el sistema que produce esa pérdida permanezca intacto, no hay razón para pensar que el registro de muertes deje de crecer», concluyó el informe.

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