
La creadora de contenidos cubana Maryannet, conocida en redes sociales como @maryannet_, publicó recientemente un video en el que repasó varias experiencias de su infancia en Cuba que, con el paso del tiempo, le resultan difíciles de comprender.
El material aborda costumbres familiares, prácticas escolares y creencias populares que marcaron a su generación y provocaron una amplia reacción entre cubanos residentes en el exterior.
Al inicio del video, la joven explicó que muchos recuerdos de su niñez le parecen hoy irreales. Desde esa premisa, organizó una lista de situaciones que, según confesó, aún no logra descifrar.
La primera fue el llamado “empacho”, una afección común en el discurso doméstico cubano, tratada con rezos, masajes abdominales o remedios caseros.
Maryannet señaló que durante años asumió que se trataba de un diagnóstico médico, hasta que en la adultez comenzó a cuestionar su origen y validez clínica, una duda compartida por numerosos usuarios en los comentarios.
Otra referencia central fue el conocido “buchito” que se distribuía en las escuelas primarias. Se trataba de un enjuague bucal a base de fluoruro de sodio, utilizado como medida preventiva contra las caries. Sin embargo, ni los alumnos ni muchas familias recibían información clara sobre su composición o propósito.
La influencer recordó que el líquido se entregaba en recipientes sin etiquetas y con un sabor intenso, lo que generaba inquietud entre los niños, aunque la práctica se asumía como parte de la rutina escolar.
Maryannet también mencionó el “sereno”, una creencia arraigada que atribuía a la brisa nocturna la aparición de fiebre y resfriados. Abuelos y padres insistían en cubrir a los menores al caer la noche, convencidos de que el aire frío podía causar enfermedades. Aunque carece de sustento científico, esta idea persiste en el imaginario popular y forma parte de la educación doméstica de varias generaciones.
El cuarto elemento al que aludió fue la llamada “guardia pioneril”, una actividad en la que niños de primaria debían vigilar sus escuelas fuera del horario lectivo.
La creadora describió la experiencia como desproporcionada para la edad, al asignar a menores una responsabilidad asociada al control y la disciplina, en un contexto marcado por el discurso cívico-militar del sistema educativo cubano.
El video acumuló miles de visualizaciones y generó decenas de testimonios de otros cubanos que reconocieron haber vivido situaciones similares. Más allá del tono humorístico, la publicación funciona como un ejercicio de memoria colectiva que expone prácticas normalizadas durante décadas.
Para muchos emigrados, el contenido activó recuerdos compartidos y abrió un espacio de reflexión sobre cómo esas vivencias influyeron en la formación social y cultural de quienes crecieron en la Isla.
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