
Marta Sánchez Zalfrán (Holguín, 1973) forma parte de la leyenda viva del voleibol mundial. Campeona olímpica en Sídney 2000 y medallista de bronce en Atenas 2004, esta exjugadora cubana integró las míticas Morenas del Caribe, la selección que dominó el voleibol femenino durante más de una década.
Hoy, afincada en las Islas Canarias, ha encontrado una nueva pasión lejos de los grandes estadios: formar a las futuras promesas del Club Voleibol Haris, en Tenerife.
Las Morenas del Caribe: una era dorada irrepetible
Hablar de las Morenas del Caribe es recordar el equipo más dominante en la historia del voleibol femenino. Tres oros olímpicos consecutivos (Barcelona 1992, Atlanta 1996 y Sídney 2000) más un bronce en Atenas conforman un palmarés que ningún otro combinado nacional ha logrado igualar.
✍🏻 La historia de una campeona olímpica con la mejor selección de la historia del voleibol.
👉🏻 Marta Sánchez Zalfrán, cubana, entrena ahora a las niñas del @CVHaris. Pero en su 💔 está Cuba 🇨🇺. Y de corazón nos descubre la realidad de su tierra. https://t.co/01Mr6ZiUmv
— Deportes COPE Tenerife (@DeportesCopeTfe) April 15, 2026
“Para mí ha sido un gran honor y un gran orgullo haber pertenecido al equipo Cuba de la etapa dorada, porque prácticamente lo ganamos todo”, recuerda Marta en entrevista con la cadena de emisoras COPE.
Según la exjugadora, el éxito del equipo cubano se sustentaba en tres pilares fundamentales: unidad, planificación estratégica a largo plazo y una cantera inagotable de talento joven que convivía con jugadoras experimentadas.
Una formación de alta exigencia desde la infancia
El camino de Marta Sánchez hacia la élite comenzó temprano y no fue sencillo. Aunque inició su carrera deportiva en el baloncesto, a los 12 años fue captada para el voleibol, lo que implicó trasladarse a un centro de alto rendimiento y separarse de su familia. Con tan solo 14 años ya formaba parte de la preselección nacional en La Habana.
“Sin esa exigencia y esa disciplina como tal, no llegabas a los equipos nacionales”, admite. El sistema cubano funcionaba como una pirámide que nutría constantemente a la selección con talentos precoces, como la mítica Regla Torres, quien con apenas 15 años ya competía en unos Juegos Olímpicos.
El dolor por la Cuba actual
Lejos de la isla, Marta no puede ocultar su preocupación por la situación que atraviesa su país. “La situación en Cuba está muy difícil, muy, muy difícil y lo sentimos todos”, confiesa con la voz quebrada. Para ella, el sufrimiento se comparte dentro y fuera de la isla: “Si lo siente el que está allí, también lo siente el que está afuera”.
La exjugadora también lamenta que su generación, pese a haberlo ganado todo en el terreno de juego, no pudiera aprovechar económicamente su éxito, ya que el Estado retenía un alto porcentaje de los contratos firmados en el extranjero.
“Hemos ganado todo, pero no has tenido aquello que tenía que tener un atleta de élite”, reflexiona. Su mayor deseo actual es que “los niños de Cuba puedan ser felices”.
Nueva vida en Tenerife: enseñar desde la alegría
En el Club Voleibol Haris, Marta Sánchez ha encontrado una vocación que transforma su propia experiencia en una metodología distinta. Su filosofía rompe con la rigidez del sistema en el que ella se formó: “No admito ni permito que ninguna niña me salga llorando de un entrenamiento. Ellas llegan felices y salen felices”.
Aunque también colabora con el equipo de Superliga, su verdadera pasión está en la base, enseñando los fundamentos del voleibol a las más pequeñas y marcándolas “positivamente”. Una campeona olímpica que hoy multiplica su legado desde Canarias, combinando la excelencia técnica con la diversión como principio pedagógico.

