
En medio del recrudecimiento de la crisis económica, social y política que atraviesa Cuba, un video publicado en redes sociales por la creadora de contenido Malaka Gonzalez se ha vuelto viral por retratar, desde el humor y la ironía, la dura realidad que enfrenta la población cubana bajo la dictadura.
El reel comienza con una frase que resume el tono y el mensaje central del video: “Me llamo Malaka y vivo en una dicta****. Me llamo Malaka y vivo en Cuba”. Desde los primeros segundos, la influencer aborda la censura en el país, al mostrar que ni siquiera puede pronunciar abiertamente la palabra “dictadura” sin temor a represalias.
La autocensura, convertida en una práctica cotidiana para muchos cubanos, se presenta así como uno de los primeros síntomas del contexto represivo en el que viven. A través de un lenguaje cercano y cargado de humor, Malaka recorre los principales problemas que afectan a la sociedad cubana.
Entre ellos, señala la imposibilidad de elegir libremente a los gobernantes, pues los líderes del país son seleccionados por la misma cúpula que ha mantenido el poder durante más de seis décadas.
La creadora también aborda temas que forman parte del día a día de millones de cubanos. Uno de ellos es el grave problema de la basura, que en La Habana se ha convertido en una crisis visible, con acumulaciones que desbordan las calles. A esto se suman la escasez de agua potable, los prolongados apagones eléctricos y las constantes dificultades para acceder al transporte público.
Otro punto central del video es el elevado costo de los productos básicos. Malaka menciona los precios desorbitados de artículos esenciales, incluyendo el papel sanitario, reflejando el impacto de la inflación y la dolarización parcial de la economía en los hogares. Estos gastos, inalcanzables para muchos salarios, profundizan la desigualdad y el malestar social.
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Asimismo, la influencer denuncia las deficiencias en el servicio de internet. Además de ser extremadamente caro, cuenta con una infraestructura deficiente y presenta fallos constantes, lo que limita el acceso a la información y la comunicación, en un país con un fuerte control estatal sobre las telecomunicaciones.
En uno de los momentos más simbólicos del video, Malaka afirma que, en medio de tantas carencias, “no hay mucho que hacer”, mientras aparece en escena un hombre con expresión vacía y ausente. Esta imagen resume el estado emocional de una parte importante de la población: cansancio, frustración y resignación ante una realidad que parece no cambiar.
El impacto del video ha sido significativo en redes sociales, donde miles de usuarios han compartido y comentado el contenido, identificándose con el mensaje. Muchos lo interpretan como una forma de denuncia y catarsis colectiva, en un contexto marcado por el aumento de la represión, la emigración masiva y el deterioro de las condiciones de vida.
Con su reel, Malaka no solo logró viralizar una denuncia, sino también poner voz, desde el humor, a una sociedad sumida en la tristeza y la incertidumbre. Su mensaje refleja el sentir de una generación que, pese al miedo y la censura, continúa buscando espacios para expresar su inconformidad y narrar su realidad.

