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¿Y la soberanía? Díaz-Canel admite que Cuba depende de Rusia y otros aliados

Díaz-Canel ha defendido por años la imagen de Cuba como un país soberano e independiente.
Díaz-Canel ha defendido por años la imagen de Cuba como un país soberano e independiente. (Captura de pantalla © Canal Caribe- YouTube)

El dirigente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, admitió públicamente que su país ha dependido durante décadas del respaldo de gobiernos aliados como la antigua Unión Soviética, China y Venezuela.

En entrevista con el canal ruso RT en Español, el mandatario afirmó que el país necesita avanzar con recursos propios para dejar de sostenerse en el apoyo externo, algo que reconoció, llevan décadas haciendo de diferentes benefactores.

Las declaraciones del líder del Partido Comunista de Cuba (PCC) contrastan con el discurso oficial que durante años ha presentado a Cuba como un país “plenamente soberano” e “independiente” frente a las potencias extranjeras.

El reconocimiento llega en un momento especialmente delicado para el régimen, marcado por la peor crisis económica y energética en décadas. En los últimos meses, los ya de por sí prolongados apagones han aumentado en duración e intensidad, la escasez de combustible ha empeorado, así como la de alimentos y medicinas, y el deterioro de los servicios públicos.

En ese contexto, Díaz-Canel admitió que la economía nacional ha atravesado distintas etapas de dependencia de sus principales aliados políticos y sostuvo que ahora el desafío consiste en sostener el modelo económico sin necesitar ese respaldo permanente.

“Llegó el momento en que seamos capaces con nuestro propio esfuerzo, con nuestro propio talento, de no ser dependientes de nadie y de poder avanzar sin renunciar a nuestros principios. Pero para eso hay que ajustarse y hay que tomar un grupo de decisiones”, declaró.

Durante la entrevista, el gobernante explicó que primero la Isla dependió casi por completo del intercambio comercial con la Unión Soviética y el bloque socialista. Posteriormente, añadió, esa dependencia se trasladó hacia otros gobiernos aliados, entre ellos Rusia, China y Venezuela.

En todos los casos, estos vínculos económicos resultaron fundamentales para mantener el funcionamiento del sistema cubano tras el colapso soviético en 1991.

Las declaraciones adquieren especial relevancia porque contradicen uno de los principales argumentos del discurso político del régimen, basado en la defensa de la soberanía nacional.

El reconocimiento de que la supervivencia económica del país ha estado condicionada durante décadas al apoyo financiero, energético y comercial de otros Estados pone en evidencia el alcance real de la supuesta independencia que las autoridades han reivindicado de manera constante.

El propio Díaz-Canel reforzó esa idea al reconocer que Cuba lleva alrededor de seis meses sin recibir cargamentos de combustible procedentes de Venezuela y que, durante ese período, únicamente arribó a la Isla un buque enviado por Rusia como ayuda humanitaria.

Esa situación, según explicó, ha agravado la crisis energética y acelerado la implementación de un paquete de reformas económicas aprobado recientemente por la Asamblea Nacional, que incluye una mayor apertura a la inversión extranjera, cambios para las micro, pequeñas y medianas empresas y la autorización de nuevas figuras dentro del sistema financiero.

El mandatario también admitió que varias de las reformas económicas impulsadas por el Gobierno chocan con los principios en los que fue formado políticamente.

Recordó que, durante el denominado “Período Especial”, Fidel Castro aceptó introducir mecanismos propios de economías de mercado para preservar el sistema socialista y reconoció que aquellas decisiones generaron consecuencias sociales que todavía persisten.

Según él, la mínima apertura económica resultó en un aumento de la desigualdad, la prostitución y otros problemas asociados a la apertura económica de los años noventa.

Por otra parte, las declaraciones de Díaz-Canel coinciden con la publicación del informe “Cuba, capital del comunismo del siglo XXI”, difundido este lunes por el Departamento de Estado de EEUU.

En ese documento, impulsado bajo la dirección del secretario de Estado, Marco Rubio, Washington calificó al régimen cubano como una “amenaza directa” para la seguridad estadounidense debido a su estrecha relación con Rusia, China, Irán y Corea del Norte.

El informe sostiene que esos vínculos convierten a La Habana en un socio estratégico para gobiernos considerados adversarios de EEUU y le permiten actuar como un punto de apoyo para sus intereses en el hemisferio occidental.

En ese escenario, el reconocimiento de Díaz-Canel sobre la histórica dependencia económica de Cuba respecto a sus aliados también pone de relieve el peso que esos gobiernos continúan teniendo sobre la Isla y abre cuestionamientos sobre qué otorga la Isla a estos gobiernos a cambio de su ayuda material y económica, considerando que la Isla no tiene dinero.

Mientras el mandatario asegura que aspira a reducir esa dependencia, sus propias declaraciones confirman que el suministro de recursos estratégicos, como el combustible, sigue condicionado al respaldo de países con los que el régimen mantiene estrechas alianzas políticas y económicas, precisamente las mismas relaciones que Washington identifica como un factor de preocupación para su seguridad nacional.

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