
La cadena hotelera española Meliá Hotels International completó el fin de sus operaciones en Cuba, poniendo término a una presencia de 36 años en la Isla con el cierre de todos sus hoteles este este viernes 24 de junio.
La cadena española dejó de administrar los 34 hoteles que gestionaba para el Estado cubano tras alegar que las condiciones legales, financieras y operativas ya no permitían mantener su actividad.
Además de la significativa caída del turismo en la Isla, lo que firmó la sentencia para la hotelera, al menos en Cuba, fue el endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos.
La empresa, que ya el pasado 21 de julio chabía confirmado el cese de sus operaciones, informó a Reuters que la decisión responde a la imposibilidad de garantizar una estabilidad mínima para sus operaciones.
Los hoteles eran administrados a través de su filial portuguesa Ilha Bela Gestão e Turismo, que notificó oficialmente el cese de actividades ante la Comisión Nacional del Mercado de Valores de España.
El retiro comenzó el pasado 3 de junio, cuando Meliá dejó de operar 15 hoteles vinculados al conglomerado militar GAESA. La medida fue consecuencia de la Orden Ejecutiva 14404, firmada por el presidente Donald Trump el 1 de mayo, que incluyó a ese grupo empresarial entre las entidades sancionadas y obligó a las compañías extranjeras a romper relaciones comerciales con él.
La situación se complicó aún más el 13 de julio, cuando Washington amplió las sanciones al Ministerio de Turismo de Cuba y a otras nueve entidades estatales.
Fue la primera ocasión en que un ministerio completo del Gobierno cubano fue incorporado a la lista de entidades restringidas por el Departamento del Tesoro, lo que eliminó las opciones legales para que Meliá mantuviera el resto de sus operaciones en la Isla.
Días antes, el director ejecutivo de la compañía, Gabriel Escarrer Jaume, había reconocido públicamente que la empresa esperaba las directrices de las autoridades estadounidenses para definir el futuro de sus hoteles en Cuba.
La salida de Meliá se suma a la de otras cadenas internacionales que han abandonado el mercado cubano en los últimos meses.
Iberostar confirmó el cierre de sus operaciones, Barceló rescindió de forma anticipada varios contratos, mientras que Blue Diamond Resorts, Minor Hotels y Archipelago International también dejaron de gestionar establecimientos turísticos en la Isla.
El retiro de estas compañías coincide con la peor crisis del turismo cubano en décadas. Datos oficiales muestran que Cuba recibió 1,81 millones de visitantes internacionales durante 2025, muy lejos de los 4,7 millones registrados en 2018.
Además, la ocupación hotelera cayó hasta el 18,9 %, una capida del 78% y uno de los niveles más bajos de los últimos años. Las cifras continuaron deteriorándose en 2026.
Entre enero y mayo llegaron 359.491 turistas, un 58,4 % menos que en igual período del año anterior. Solo en mayo ingresaron 30.883 visitantes extranjeros, reflejando la pérdida de atractivo del principal sector generador de divisas para el régimen.
Analistas han señalado que el descenso del turismo no responde únicamente a las sanciones estadounidenses.
La prolongada crisis energética, los apagones diarios, la escasez de alimentos, el deterioro de los servicios públicos y las dificultades para garantizar suministros básicos también han afectado la imagen de Cuba como destino internacional.
A ello se suma la reducción de conexiones aéreas debido a la crisis de combustible que obligó a países como Canadá y España a reducir y cancelar rutas a Cuba, así como las crecientes dificultades para operar en el país.
Durante los últimos años, el Gobierno ha mantenido una fuerte apuesta por la construcción de hoteles pese al deterioro del sistema eléctrico, la infraestructura sanitaria y el abastecimiento de productos esenciales.
Esa estrategia ha sido cuestionada debido a que el turismo representaba una de las principales fuentes de ingresos en divisas del Estado, pero la inversión en nuevas instalaciones no ha logrado revertir la caída sostenida de visitantes.
La salida de Meliá simboliza el cambio de escenario para una industria que durante décadas fue uno de los pilares económicos de Cuba. La compañía evaluará el impacto financiero definitivo de su retirada cuando presente sus resultados correspondientes al primer semestre del año.