
Miami, ciudad conocida por su brillo y lujo, también esconde una realidad más sombría. A pocos metros del Aeropuerto Internacional de Miami, en el Royal Duke Park, se concentra una de las zonas más humildes de la ciudad.
Este pequeño microbarrio de apenas 2.3 hectáreas está formado por 129 casas móviles y alberga a inmigrantes latinos, muchos de ellos cubanos, que llegaron buscando una vida mejor, pero que hoy sobreviven con lo mínimo. El youtuber argentino Oscar Alejandro visitó el lugar, al que calificó como uno de los “barrios más pobres de Miami”.
El sistema de vivienda en el Royal Duke Park se basa en casas móviles, estructuras prefabricadas que no están diseñadas para ser vehículos de transporte, sino que son instaladas en terrenos autorizados. La compra de estas casas puede costar desde $30.000, pero el alquiler del terreno donde están montadas representa un gasto constante.
Los residentes enfrentan altos costos mensuales: los alquileres de habitaciones dentro de un tráiler rondan los $800, sin incluir servicios como agua o internet. Por otro lado, los propietarios de casas móviles, como Iris, una hondureña de 72 años, pagan entre $975 y $1.000 al mes solo por el alquiler del lote, sin contar con la electricidad.
La calidad de las viviendas varía enormemente. Mientras que algunas casas móviles están bien mantenidas y parecen relativamente nuevas, otras se encuentran en condiciones deterioradas y requieren inversiones constantes para su reparación.
En el caso de Yosvani, un joven cubano que vive allí desde que llegó a la ciudad hace dos años, su tráiler cuenta con una distribución básica: una cama, baño, ducha y cocina compartida con otros inquilinos.
Uno de los aspectos que resalta en el barrio es la percepción de seguridad. Aunque el área cercana a Brownsville, en Miami, tiene mala fama, los residentes del Royal Duke Park afirman sentirse relativamente seguros.
El cubano menciona que no ha presenciado incidentes graves, salvo algunos hurtos menores. Para Iris, la tranquilidad es tal que se siente segura al salir de noche a reuniones bíblicas. En comparación con las favelas de otras partes de América Latina, como Río de Janeiro o Caracas, el Royal Duke Park no presenta los mismos problemas de violencia armada, aunque la precariedad económica es un reto constante.
Onelio otro cubano, llegó a Florida hace más de 30 años. Actualmente, combina su cheque de retiro con ventas de objetos usados frente al parque. Su alquiler de 350 dólares es un vestigio de otra época. Vende televisores, bicicletas y café en un mercado informal.
El microbarrio presenta calles angostas, casas cercadas con rejas y propiedades donde se acumulan objetos en venta, gallinas o incluso embarcaciones abandonadas. No todos los residentes son extremadamente pobres; algunos viven allí por elección temporal, otros lo usan como espacio de almacenamiento o negocio.