
Donald Trump afirmó que la guerra con Irán podría terminar “muy pronto”, en medio de nuevos movimientos diplomáticos de Estados Unidos, Israel y Líbano, y mientras continúan los choques militares en Oriente Medio.
Según declaraciones del mandatario a Fox News, el conflicto está cerca de concluir y dejó abierta la posibilidad de una nueva ronda de conversaciones de paz tan pronto como este miércoles.
Los cubanos siguen con mucho interés el tema de Irán, pues Trump ha reiterado en varias ocasiones que después de ese país podría pasarse a Cuba. También han existido menciones de que Cuba sería la siguiente y que para él sería un honor tomar Cuba.
Las palabras del presidente estadounidense llegaron mientras Washington endurece la presión sobre Teherán con el bloqueo de puertos iraníes y con reportes de que seis embarcaciones fueron rechazadas de pasar por el estrecho de Ormuz gracias al bloqueo que tiene montado la marina de EEUU.
Trump justificó su actuación al señalar que, de no haber desviado el curso de los acontecimientos, Irán habría terminado con un arma nuclear. Bajo esa lógica, la Casa Blanca presenta su estrategia como una maniobra para impedir que Teherán llegue a un punto de no retorno.
El presidente insistió en que ve el final del conflicto como algo cercano, aunque los hechos sobre el terreno todavía muestran un escenario volátil, con ataques, amenazas comerciales y negociaciones que aún no cristalizan en un acuerdo.
La apuesta estadounidense combina presión militar, aislamiento económico y contactos diplomáticos. Por ejemplo, el secretario de Estado Marco Rubio sostuvo en Washington una reunión con los embajadores de Israel y Líbano, en lo que fue descrito como el encuentro de más alto nivel entre ambas partes en cuatro décadas.
La conversación se centró en la seguridad de Israel y en el respaldo a la soberanía plena de Líbano, en un contexto donde Washington intenta enlazar la situación libanesa con el proceso más amplio para cerrar la guerra con Irán.
Uno de los mensajes más duros salió del entorno del vicepresidente JD Vance. Frente al bloqueo iraní del estrecho de Ormuz, EEUU respondió con una medida paralela: impedir la salida de barcos iraníes de sus puertos.
La administración presentó esa decisión como una respuesta directa a lo que definió como “terrorismo económico”. Esa escalada revela que, aunque la Casa Blanca habla de paz, mantiene intacta la capacidad de presión para forzar concesiones en la mesa de negociación.
Las señales diplomáticas, sin embargo, no han eliminado los obstáculos. La primera ronda de conversaciones, acogida por Pakistán, terminó sin acuerdo.
La versión estadounidense es que Irán no aceptó las condiciones exigidas por Washington, entre ellas renunciar a la búsqueda de un arma nuclear. También se mencionó como objetivo un escenario en el que Irán deje de patrocinar el terrorismo y pueda reintegrarse a la economía global.
Ese planteamiento muestra que la exigencia de la Casa Blanca no se limita al tema atómico, sino que intenta redefinir la conducta regional de Teherán.
Al mismo tiempo, los mercados reaccionaron a la posibilidad de una nueva ronda de contactos. Algunas acciones subieron en Wall Street ante la expectativa de avances diplomáticos.
Esa respuesta financiera sugiere que parte de los inversores interpreta que una reducción de la tensión en Oriente Medio aliviaría riesgos sobre el comercio, la energía y el transporte marítimo.
No obstante, la persistencia del cierre en Ormuz y la confrontación sobre los puertos iraníes mantienen viva la amenaza de una crisis económica más amplia si fracasan las conversaciones.

