
El documento, titulado “Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI”, fue elaborado por el Departamento de Estado de Estados Unidos (DOS, por sus siglas en inglés) y consta de 100 páginas.
Su tesis central sostiene que, desde 1959, el régimen cubano ha desarrollado una campaña prolongada contra EEUU mediante espionaje, infiltración política, propaganda, apoyo a movimientos armados y creación de redes internacionales de influencia.
Según el informe, revisado por Periódico Cubano, la debilidad económica y militar de Cuba no habría impedido que La Habana construyera una estructura capaz de proyectar poder fuera de la Isla.
El gobierno estadounidense presenta al régimen cubano no solo como una dictadura comunista que reprime a su población, sino como un centro de operaciones ideológicas y de inteligencia que continúa representando una amenaza para la seguridad nacional estadounidense.
El Estado revolucionario
El primer capítulo afirma que Cuba adoptó una estrategia de confrontación irregular porque nunca tuvo capacidad para derrotar militarmente a EEUU. Esa estrategia habría combinado espionaje, sabotaje, infiltración institucional, organizaciones aliadas y movimientos revolucionarios destinados a erosionar el sistema estadounidense desde dentro.

El texto sostiene que La Habana convirtió la exportación del comunismo en uno de los objetivos esenciales del Estado. Asimismo, argumenta que el modelo cubano se diferenció del soviético porque concedió mayor importancia a los conflictos raciales, culturales, coloniales y sociales que a la tradicional lucha económica entre clases.
Cuba y el surgimiento de la “Nueva Izquierda”
El informe atribuye a la Revolución cubana una influencia decisiva en la transformación de la izquierda occidental durante las décadas de 1960 y 1970. Según esta interpretación, Cuba ofreció a jóvenes radicales desencantados con la Unión Soviética un modelo revolucionario más agresivo, basado en la acción directa, la lucha armada y el llamado tercermundismo.
La Conferencia Tricontinental de 1966 aparece como uno de los principales instrumentos de esa política. Celebrada en La Habana con representantes de movimientos de 82 países, habría servido para conectar organizaciones revolucionarias de América Latina, África, Asia, Oriente Medio y EEUU bajo una causa común contra Washington y Occidente.
Exportación de revoluciones
La tercera sección describe el respaldo cubano a guerrillas y grupos armados en Venezuela, Colombia, Argentina, Uruguay, Chile, Nicaragua, Puerto Rico y otros territorios. El reporte asegura que Cuba proporcionó entrenamiento, armas, refugio, comunicaciones y apoyo de inteligencia.
La victoria sandinista de 1979 en Nicaragua es presentada como uno de los mayores éxitos de esta estrategia. También se examinan las relaciones de La Habana con grupos como el ELN y el M-19 de Colombia, los Montoneros argentinos, los Tupamaros uruguayos, el FALN y los Macheteros puertorriqueños.
En el caso venezolano, el documento sostiene que Cuba sustituyó progresivamente la insurrección armada por la penetración institucional. La llegada de Hugo Chávez al poder habría permitido a asesores cubanos intervenir en los servicios de inteligencia, las Fuerzas Armadas, los programas sociales y los mecanismos de vigilancia del Estado venezolano.

El aparato de espionaje
Uno de los capítulos más extensos se concentra en la Dirección de Inteligencia cubana. El informe considera que este servicio se especializa en reclutar personas motivadas por convicciones ideológicas, en lugar de depender principalmente de pagos económicos.
La estrategia descrita consiste en identificar jóvenes simpatizantes en universidades y círculos políticos, cultivarlos durante años y facilitar su llegada a cargos con acceso a información sensible. El reporte menciona los casos de Víctor Manuel Rocha, Ana Belén Montes, Walter y Gwendolyn Myers y la Red Avispa.

Rocha habría trabajado durante cerca de cinco décadas para Cuba mientras ocupaba cargos diplomáticos y de seguridad nacional. Montes llegó a ser una de las principales analistas sobre Cuba en la Agencia de Inteligencia de Defensa. La Red Avispa, por su parte, operó principalmente en Florida y vigiló instalaciones militares y organizaciones del exilio cubano.
El “turismo revolucionario”
El informe dedica una sección a los viajes de activistas estadounidenses a Cuba. La principal organización examinada es la Brigada Venceremos, que habría trasladado a unos 10.000 estadounidenses desde 1969.
El Departamento de Estado sostiene que estos programas no eran simples intercambios culturales o trabajos voluntarios. Los presenta como mecanismos para identificar simpatizantes, impartir formación política, recopilar información sobre movimientos estadounidenses y establecer relaciones duraderas con futuros dirigentes sindicales, académicos, funcionarios y activistas.

El texto también analiza delegaciones contemporáneas, caravanas solidarias y viajes organizados por grupos políticos, organizaciones sin fines de lucro y colectivos contrarios a las sanciones estadounidenses.
Política racial y movimientos estadounidenses
Otra sección argumenta que La Habana intentó incorporar los conflictos raciales de Estados Unidos a su estrategia internacional. El informe destaca los vínculos cubanos con Robert F. Williams, Stokely Carmichael, los Panteras Negras, Angela Davis y Assata Shakur.
La protección concedida a Shakur en Cuba es presentada como un ejemplo de cómo el régimen convirtió a fugitivos estadounidenses en símbolos políticos. El documento conecta posteriormente esa influencia con sectores del movimiento Black Lives Matter, especialmente por el uso de las ideas y consignas de Shakur y por el respaldo expresado por algunos activistas al Gobierno cubano durante las protestas del 11 de julio de 2021.
Organizaciones de fachada y aliados políticos
El reporte identifica al Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, conocido como ICAP, como el centro de coordinación de muchas relaciones internacionales del régimen. A su alrededor sitúa organizaciones como National Network on Cuba, IFCO/Pastors for Peace, National Lawyers Guild, The People’s Forum, Code Pink y sectores de Democratic Socialists of America.

El informe no afirma necesariamente que todos sus integrantes sean agentes cubanos. Su argumento es que estas estructuras crean espacios de cooperación, propaganda, recaudación de fondos, movilización política y acceso a personas influyentes que benefician a La Habana.
Alianzas con Rusia, China e Irán
La última parte sostiene que, tras la desaparición de la Unión Soviética, Cuba adaptó sus redes y estableció nuevas alianzas con Rusia, China, Irán y Corea del Norte. La Isla es descrita como una plataforma de inteligencia situada cerca de instalaciones militares y centros estratégicos estadounidenses.

También se examinan los vínculos históricos de Cuba con la Organización para la Liberación de Palestina y otros grupos armados palestinos. El reporte considera que La Habana funciona como un punto de conexión entre gobiernos adversarios de Washington y movimientos políticos que operan en América Latina y Estados Unidos.
Conclusión y enfoque del documento
El Departamento de Estado concluye que Cuba debe ser entendida como una operación integral de inteligencia, influencia y subversión, y no solamente como un país empobrecido o un antiguo aliado soviético. Sostiene que el aparato cubano ha sobrevivido durante más de seis décadas y que actualmente sirve como vínculo entre Moscú, Pekín, Teherán y movimientos radicales occidentales.
Al mismo tiempo, el texto señala que el pueblo cubano permanece sometido a escasez, apagones, represión y ausencia de libertades mientras el régimen destina recursos a sus actividades internacionales.
Debe tenerse en cuenta que se trata de un documento político y de seguridad nacional con un tono marcadamente acusatorio, no de un estudio académico neutral. Combina casos de espionaje ampliamente documentados con interpretaciones más amplias sobre la influencia ideológica cubana.
Algunas relaciones expuestas son directas y verificables; otras se establecen mediante viajes, afinidades políticas, contactos personales, participación en eventos o coincidencias ideológicas.

