
El euro alcanzó ayer sábado un valor histórico en el mercado informal de la Isla. La moneda europea logró establecerse en un equivalente de 600 pesos cubanos, su costo más alto detectado hasta ahora.
La subida marca un nuevo episodio en la acelerada devaluación del peso cubano y confirma el deterioro de una economía donde la moneda nacional pierde capacidad de compra de forma sostenida, mientras el Estado sigue sin ofrecer un sistema cambiario funcional que responda a la realidad de la calle.
El salto resulta notable incluso en comparación con días recientes. A principios de mes, dicha moneda se cotizaba en torno a los 588 y 589 CUP. El dólar estadounidense, por su parte, se mantiene en 525 pesos, también en valores históricamente elevados.
La Moneda Libremente Convertible, en cambio, registró una ligera baja y ronda los 394 pesos. Estas cifras consolidan al mercado informal como el principal termómetro económico de la Isla, ante la incapacidad del esquema oficial para ordenar la circulación de divisas o contener la pérdida de valor del peso.
La trayectoria del euro confirma además una escalada sostenida durante los últimos meses. En marzo se mantenía alrededor de los 580 pesos y, hacia finales de ese mes, incluso se observaron periodos de estabilidad dentro de una franja de entre 515 y 580 pesos para las principales divisas.
Detrás de esta caída del peso confluyen varios factores. La reciente emisión de billetes de alta denominación ha añadido presión inflacionaria en una economía ya marcada por la escasez.
El Banco Central de Cuba informó sobre la incorporación de nuevos billetes de 2.000 y 5.000 pesos cubanos (CUP) como parte de la renovación del cono monetario nacional. Esta medida entrará en vigor el miércoles 1 de abril de 2026 en La Habana y se irá implementando gradualmente en el resto del país.

El objetivo de esta decisión es agilizar las transacciones en efectivo, atender la creciente necesidad de grandes sumas de dinero físico debido a la inflación y reducir los costos logísticos vinculados al manejo de efectivo.
A eso se suman la falta crónica de divisas, la escasez de bienes básicos y el déficit de combustible, elementos que empujan a la población y a los negocios a depender cada vez más del mercado informal para resolver operaciones cotidianas.
También pesa la crisis energética, agravada tras la reducción del suministro petrolero venezolano, en un contexto donde los apagones y las interrupciones productivas profundizan la contracción económica.
A la vez, avanza una dolarización de facto: cada vez más transacciones, precios y mecanismos de acceso a bienes esenciales dependen de monedas extranjeras, lo que deja en mayor desventaja a quienes solo reciben ingresos en pesos cubanos.

