
Miguel Díaz-Canel visitó esta semana dos empresas de reciclaje en La Habana y salió con una nueva promesa para los cubanos. El dictador dijo querer convertir la basura en “ingresos millonarios” para la economía del país.
Lo dijo con la misma convicción con que ha prometido resolver los apagones, el transporte, la alimentación y la vivienda durante años.
“Esta innovación, que consiste en una mejor organización de los procesos de vertimiento, recogida y procesamiento de la basura, significa convertir residuos en ingresos millonarios que la economía del país necesita”. Así lo confirmó el medio oficialista Radio Habana Cuba en su edición digital.
La declaración llegó en un momento en que La Habana y el resto de Cuba acumulan toneladas de basura en sus calles sin que nadie las recoja.
Solo 44 de los 106 camiones de basura de La Habana funcionan
La promesa de convertir los residuos en ingresos millonarios choca con una realidad que el propio gobierno ha reconocido en distintos momentos.
En febrero de 2026, las autoridades capitalinas confirmaron que solo 44 de los 106 camiones recolectores de basura de La Habana estaban operativos. Los demás, paralizados por falta de piezas de repuesto, averías acumuladas y escasez de combustible.
La solución que el gobierno encontró entonces fue reasignar 72 triciclos eléctricos para sustituir a los camiones. Por eso Cuba construye solineras: para que esos triciclos puedan recargar sus baterías y seguir recogiendo lo que los camiones no pueden.
En ese contexto, hablar de clasificación de residuos, contratos de vertimiento y procesos industriales de reciclaje suena, cuanto menos, prematuro.
Díaz-Canel pide organización a los ciudadanos
El gobernante también señaló que “es necesaria una mayor organización a nivel de barrio, que las personas, las empresas e instituciones estatales, así como los actores privados, conozcan los contratos, los puntos de vertimiento y recogida para encaminar el sistema hacia un proceso de clasificación de residuos”, apuntó.
Es decir, la solución pasa, una vez más, por pedirle al ciudadano que haga lo que el Estado no puede. El mismo patrón que llevó al primer ministro Manuel Marrero a pedir a los cubanos que se conviertan en vigilantes del crimen.
Ese mismo patrón que llevó al régimen a pedir que los vecinos denuncien a quienes tienen antenas Starlink. Ahora les toca organizar la basura.
Un país que no puede recoger lo que ya tiene
Cuba lleva años con un problema de gestión de residuos que va mucho más allá de la falta de organización ciudadana. Es un problema de infraestructura, combustible y recursos que el Estado no tiene.
Las imágenes de acumulación de basura en barrios de La Habana, Santiago de Cuba, Holguín y otras ciudades circulan con regularidad en redes sociales. No porque los cubanos no quieran vivir en calles limpias. Sino porque los camiones no llegan, los contenedores se desbordan y el sistema de recogida no puede con la demanda.

