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Marrero pide mano dura con los delitos mientras la delincuencia se dispara en cinco provincias

Las provincias con mayor número de incidencias delictivas son Santiago de Cuba, Pinar del Río, Granma, Mayabeque y Ciego de Ávila
Manuel Marrero pide que los dirigentes paguen por los daños económicos ante el descontrol
Manuel Marrero le pidió a la población cubana que denuncie y actúe ante cualquier delito ocurrido en el país. (Captura de pantalla © Canal Caribe – YouTube)

El primer ministro cubano Manuel Marrero Cruz reconoció este lunes públicamente el aumento de la delincuencia y los robos en Cuba y llamó a toda la población a sumarse al enfrentamiento de esos delitos. Sus declaraciones fueron recogidas por la televisión estatal durante una intervención ante autoridades del país.

Lo hizo durante un encuentro con la reunión del Grupo de Trabajo para la Prevención y Enfrentamiento al Delito, las Ilegalidades y las Indisciplinas Sociales.

“Sabemos que hay un combate duro diario, pero tenemos que ir tomando medidas que nos permitan una mayor protección, un mayor control y que se les facilite menos a todas estas personas inescrupulosas poder acceder y cometer los diferentes tipos de delitos”, afirmó Marrero.

Según reveló Yamila Peña Ojeda, Fiscal General de la República de Cuba, las provincias con mayor incidencia delictiva son:

  • Santiago de Cuba
  • Pinar del Río
  • Granma
  • Mayabeque
  • Ciego de Ávila

Todas se encuentran entre las más afectadas por la crisis energética y el desabastecimiento. No es una coincidencia. Del mismo modo, la funcionaria reconoció que parte del aumento de la inseguridad y robos tiene que ver con la escasez de recursos y la debacle de la economía.

Un llamado que traslada la responsabilidad al pueblo

Marrero fue explícito sobre el alcance de su convocatoria. “Nosotros debemos, todo el mundo, sumarnos a estos enfrentamientos. No puede ser solo un tema de la policía. Todos, cuando veamos conductas de este tipo, tenemos que rápido actuar, denunciarla, enfrentarla”, declaró el primer ministro.

El llamado coloca sobre los ciudadanos una responsabilidad que en cualquier Estado funcional recae sobre los cuerpos de seguridad. En Cuba, sin embargo, la Policía Nacional Revolucionaria opera con recursos limitados, salarios que no superan los pocos miles de pesos y una pérdida creciente de autoridad ante una población cada vez más desesperada.

Marrero también insistió en la necesidad de elevar la vigilancia y trabajar de forma coordinada con los órganos especializados. “Hay que elevar la vigilancia, hay que elevar el control, hay que trabajar muy unido a los órganos especializados para lograr mantener un control y un enfrentamiento constante para disminuir las causas y condiciones y evitar así la ocurrencia de delitos y hechos extraordinarios”, reiteró.

Una crisis que el propio régimen creó

El reconocimiento público de Marrero sobre el aumento de la delincuencia no ocurre en el vacío. Cuba atraviesa la peor crisis económica de las últimas décadas. El 89% de la población vive en extrema pobreza, según el Observatorio Cubano de Derechos Humanos. El salario mínimo equivale a poco más de cuatro dólares al mes. Los apagones superan las 30 horas en varias provincias. Las bodegas no abastecen y los medicamentos escasean en todo el país.

En ese contexto, el aumento de los robos y la delincuencia no es una anomalía. Es la consecuencia predecible de un sistema que no puede garantizar las necesidades básicas de su población. Cuando el Estado falla en proveer lo esencial, una parte de la sociedad busca soluciones al margen de la ley.

El régimen que persigue al que vende fosforeras y no ve la criminalidad estructural

El mismo gobierno que multa con 21.000 pesos a un jubilado de 81 años por vender fosforeras sin permiso en Mayarí pide ahora a la población que se sume al enfrentamiento de la delincuencia. El mismo aparato de inspección que destina recursos a perseguir pequeños vendedores informales no ha podido frenar el aumento de los robos en cinco provincias.

Marrero no mencionó en sus declaraciones las causas estructurales del aumento delictivo. No habló de la pobreza extrema, del desempleo ni de la desesperación que empuja a personas a delinquir cuando no tienen otra salida visible. Habló de personas inescrupulosas y de la necesidad de mayor vigilancia y control. Pero no mencionó los cacerolazos ante los apagones de más de 30 horas y la falta de comida y alimentos.

Hasta el cierre de esta nota, el gobierno cubano no había anunciado medidas económicas concretas para atender las causas del problema que su primer ministro reconoció este lunes.

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