
El régimen ya no niega la crisis energética en Cuba y la gravedad de la misma, con la propia Unión Eléctrica (UNE) informando este domingo 5 de julio que más de la mitad de las plantas termoeléctricas generadoras de Cuba se encuentran fuera de servicio.
La entidad estatal calificó la situación como “de alta complejidad”, en un escenario donde más de la mitad de las unidades termoeléctricas del país permanecen fuera de servicio por averías o mantenimiento.
Actualmente, son 9 de las 16 plantas de generación existentes no se encuentran operando, una situación que continúa reduciendo la capacidad de respuesta del sistema y aumentando los apagones en toda la Isla.
Los problemas ocurren después de varios días consecutivos de registros históricos en el déficit de generación.
Durante la última semana las afectaciones eléctricas superaron nuevamente los 2.000 megavatios y en dos ocasiones recientes rebasaron los 2.200 MW, niveles que se encuentran entre los más altos reportados en los últimos años.
Las interrupciones también estuvieron acompañadas por nuevas fallas técnicas dentro de la red nacional. Una avería ocurrida en una subestación de La Habana provocó desconexiones adicionales en unidades generadoras y afectó el suministro en distintas provincias.
Como consecuencia, territorios como Granma registraron interrupciones asociadas a alteraciones en el sistema eléctrico nacional.
Sin embargo, más allá de las fallas puntuales, la situación actual refleja un problema de mayor alcance: más de la mitad de las plantas generadoras del país no están produciendo electricidad.
Varias permanecen detenidas por roturas y otras se encuentran sometidas a procesos de reparación o mantenimiento que se prolongan durante meses. Esto significa que una parte importante de la infraestructura energética cubana opera con capacidad reducida o permanece completamente inactiva.
La consecuencia inmediata se refleja en la vida diaria de la población. Autoridades reconocieron que algunas provincias acumulan interrupciones eléctricas superiores a las 35 horas continuas.
Aunque reportes ciudadanos han señalado períodos mayores en varios territorios, que van de 7 días hasta más de un mes en algunos casos. Las afectaciones alcanzan hogares, hospitales, transporte, comercios y otros servicios básicos.
La crisis energética se ha convertido además en uno de los principales factores de malestar social dentro del país.
Durante las últimas semanas se han registrado cacerolazos, protestas y cierres de calles en diferentes provincias, principalmente durante la noche, cuando la falta de electricidad coincide con las horas de mayor demanda y las altas temperaturas.
El gobierno cubano continúa atribuyendo gran parte de las dificultades a las sanciones estadounidenses. Sin embargo, especialistas y economistas han señalado que el deterioro progresivo de las termoeléctricas se arrastra desde hace años.
El envejecimiento de las instalaciones, la falta de mantenimiento profundo y problemas con el suministro de combustible tiene inutilizadas las plantas del país.
El panorama actual muestra un sistema eléctrico funcionando con un margen reducido y con una infraestructura donde más de la mitad de sus unidades generadoras permanecen detenidas, una situación que mantiene a gran parte del país dependiendo de instalaciones envejecidas y cada vez más inestables.

