
Miguel Díaz-Canel volvió a defender la legitimidad de su llegada al poder y aseguró que su cargo como presidente de Cuba responde a un proceso nacido “desde la base popular”, pese a que en la isla no existe voto directo para elegir al jefe de Estado.
Las declaraciones aparecen en Cuba After Castro, un documental dirigido por Abby Martin y Matthew Belen para BreakThrough News, donde el gobernante cubano responde a cuestionamientos sobre las elecciones en Cuba, el papel de la Asamblea Nacional y el modelo político que el Gobierno cubano presenta como una forma propia de democracia.
“Yo no pudiera estar hablando contigo como presidente del país si a mí no me hubieran elegido en un distrito de una ciudad de este país”, afirmó Díaz-Canel durante la entrevista.
La frase toca uno de los puntos más sensibles del sistema electoral cubano: los ciudadanos no eligen directamente al presidente. En Cuba, los votantes participan en procesos para escoger representantes, pero es la Asamblea Nacional del Poder Popular la que designa al presidente de la República y a otros altos cargos del Estado.
Miguel Díaz-Canel defiende su elección en Cuba After Castro
En el fragmento divulgado de Cuba After Castro, Miguel Díaz-Canel intenta explicar su legitimidad política desde la estructura institucional cubana. Según su argumento, no habría llegado a la presidencia sin antes haber pasado por un proceso electoral en un distrito del país.
El mandatario también comparó el sistema cubano con el de otros países donde existen mecanismos indirectos para elegir determinadas autoridades. “Hay otros países, potencias incluso, que lo hacen y nadie habla de que ellos son antidemocráticos. El problema de Cuba es que es un caso particular”, dijo.
Con esa respuesta, Díaz-Canel buscó presentar el voto indirecto como una práctica no exclusiva de Cuba y rechazó que el modelo cubano sea señalado como antidemocrático solo por no copiar fórmulas de otros sistemas políticos.
Sin embargo, el cuestionamiento sobre la democracia en Cuba no se limita al mecanismo indirecto de elección presidencial. El debate central está en la ausencia de competencia política real, la inexistencia de partidos opositores legalizados y el control que ejerce el Partido Comunista de Cuba como fuerza política superior dentro del sistema.
El papel de la Asamblea Nacional y el voto indirecto
En el sistema cubano, la Asamblea Nacional del Poder Popular es el órgano encargado de elegir al presidente, al vicepresidente y a otros cargos relevantes del Estado. Ese mecanismo permite al Gobierno cubano sostener que existe una cadena de representación institucional.
Díaz-Canel fue designado presidente en abril de 2018 por la Asamblea Nacional, tras la salida de Raúl Castro de la jefatura del Estado. Luego fue ratificado en octubre de 2019, después de la entrada en vigor de la nueva Constitución.
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Para sus defensores, las elecciones en Cuba responden a un modelo de participación popular que evita las campañas financiadas, el multipartidismo tradicional y la influencia del dinero en la política. Para sus críticos, en cambio, el problema es que los ciudadanos no pueden escoger entre proyectos políticos alternativos ni castigar al poder mediante una alternancia real.
Las boletas electorales y los procesos de candidatura han sido cuestionados durante años porque no funcionan como una competencia abierta entre fuerzas políticas distintas.
En la práctica, el Partido Comunista de Cuba conserva el monopolio político del sistema, mientras la oposición independiente queda fuera de los espacios legales de disputa institucional.
Democracia en Cuba: el relato oficial y sus límites
Díaz-Canel también atribuyó las críticas contra el sistema cubano a una ofensiva externa. “La maquinaria mediática del gobierno de los Estados Unidos no quiere el ejemplo de Cuba con ese tipo de democracia. No es la democracia que ellos quieren”, afirmó.
Esa idea encaja con una línea frecuente del discurso oficial: presentar los cuestionamientos al Gobierno cubano como parte de una campaña impulsada desde EEUU.
Pero el malestar sobre la falta de libertades políticas no procede únicamente del exterior. También forma parte de una discusión interna en una sociedad golpeada por la crisis económica, los apagones, la migración masiva y el deterioro de la vida cotidiana.
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La defensa de Díaz-Canel llega, además, en un momento en que el poder cubano necesita reforzar su relato de legitimidad. Frente a las críticas por la falta de voto directo y de pluralismo, el mandatario insiste en que su cargo tiene respaldo popular porque pasó por una estructura electoral reconocida por las instituciones del país.
El punto que sigue generando indignación es otro: una parte importante de los cubanos no cuestiona solo cómo se elige al presidente, sino qué posibilidades reales tiene la ciudadanía de cambiar el rumbo político del país si no está de acuerdo con el Gobierno cubano.

