
El caso del actor cubano Samuel Claxton ha desatado una ola de solidaridad dentro y fuera de la Isla, luego de que se conociera públicamente su delicado estado de salud. Ante la postura de las instituciones culturales oficiales, que han permanecido en silencio, ha sido la ciudadanía la que ha respondido al llamado urgente de ayuda.
Una de las primeras personas en llegar a la casa del artista, luego de que se diera a conocer el delicado estado de salud en el que se encontraba Claxton, fue el influencer cubano Lino Tomasen, conocido como El Hombre de Hierro.
El activista usó sus plataformas digitales para movilizar recursos y entregar personalmente ayuda al veterano artista. Según se vio en una de sus publicaciones, entregó 100 dólares en efectivo a la familia de Claxton, además de alimentos y los insumos médicos que más necesitaba: bolsas recolectoras de orina y sondas de los tamaños requeridos.
En una primera visita, Tomasen se trasladó hasta la vivienda del actor, ubicada en la Zona 6 de Alamar, donde le entregó leche y huevos, y pudo conversar con él para conocer de primera mano su situación. Días después, regresó con las donaciones enviadas por sus seguidores desde distintas partes del mundo. En esta segunda ocasión, no pudo ver al artista porque se encontraba acostado, indispuesto y a la espera de la visita de un médico.
El deterioro físico del artista tiene antecedentes. Según han reportado varios medios, Claxton fue operado hace algunos años de un carcinoma en la vejiga. Hace aproximadamente un año, le fue practicada una nefrostomía percutánea, procedimiento que requiere cuidados continuos y un nivel de atención médica especializado.
En lugar de contar con un respaldo institucional que garantice su bienestar, el actor ha tenido que recurrir, como tantos otros cubanos, a la buena voluntad de sus compatriotas.
La primera que hizo saber cómo estaba el artista fue Libia Batista Mora, reconocida directora de casting en la Isla, quien fue a visitar a su amigo y se encontró con la situación que tenía. Desde esa fecha se conoció que el intérprete necesitaba sondas de los números 16, 18 y 20, así como bolsas recolectoras de orina.
Resulta realmente indignante, que un hombre que dedicó más de medio siglo al teatro, el cine y la televisión nacionales, y que fue galardonado con reconocimientos como la Distinción por la Cultura Nacional y el Premio ACTUAR por la Obra de la Vida, dependa hoy de donaciones gestionadas por redes sociales para sobrellevar su tratamiento.
La solidaridad de los cubanos ha vuelto a llenar un vacío que debería cubrir el Estado. No es la primera vez que la ciudadanía se organiza para asistir a artistas olvidados, enfermos o desamparados. Pero la frecuencia con la que esto ocurre revela una vez más que el sistema, que se vanagloria de su cultura como bandera ideológica, es el primero en abandonar a quienes la construyeron.
A mediados del mes de abril se supo que la reconocida repentista cubana Tomasita Quiala estaba ingresada en el Hospital Clínico Quirúrgico Hermanos Ameijeiras, uno de los centros médicos considerados de “referencia nacional” en Cuba. Sin embargo, no había podido ser intervenida quirúrgicamente debido a la ausencia del sulfato de protamina en bulbo, un medicamento imprescindible para contrarrestar los efectos de los anticoagulantes tras una operación cardíaca.
Frente a esta situación crítica, en la página oficialista de Facebook Asociaciones de Cubanos Residentes en Canadá se lanzó un llamado urgente a la comunidad emigrada para conseguir el medicamento que necesita la artista.