
El ministro de Turismo de Cuba, Juan Carlos García Granda, informó ante la Asamblea Nacional del Poder Popular que, al cierre del 2024, Cuba solo recibirá 2.2 millones de visitantes internacionales, lo que representa un decrecimiento respecto al año anterior.
Asimismo, reveló que dentro del gobierno se tenía una meta oculta de 4.3 millones, aunque públicamente se ofrecieron proyecciones más conservadoras. Teniendo en cuenta los resultados reales, el 2024 cerrará con escenario desfavorable para la industria turística, pues solo se logró el 62% del objetivo propuesto.
Ante la Comisión de Atención a los Servicios del Parlamento, García Granda se justificó de los malos números, argumentando factores como la escasez de financiamiento, la crisis energética y la percepción negativa del país entre los principales emisores de turismo.
Para 2025, el Gobierno proyecta recibir 2.6 millones de turistas, un 18% más respecto a la cifra actual, aunque aún alejado de las aspiraciones previas. Según el ministro, los desafíos incluyen el alto costo de los combustibles para aviación, la cancelación de vuelos de importantes países emisores, la falta de insumos y la migración de la fuerza laboral.

Desde la pandemia, las metas turísticas en Cuba han sido irreales. En 2021, se esperaban 2.2 millones de visitantes, pero solo llegaron 573.944. En 2022, la cifra proyectada de 2.5 millones terminó en 1.6 millones. Para 2023, la meta era de 3.5 millones, pero se alcanzaron apenas 2.4 millones.
Este año, la previsión inicial de 3.2 millones fue reducida en septiembre a 2.7 millones. Sin embargo, el ministro reveló que existía una meta oculta de 4.3 millones, desconocida hasta ahora, lo que refleja una utopía sin límites de parte de los burócratas comunistas que hacen cuentas alegres. Se trata de un fiel ejercicio de economía planificada, una virtud que dice tener el sistema comunista.
García Granda destacó que este año no se inició ninguna obra nueva, limitándose a completar proyectos en ejecución. Lo anterior en referencia a la ilimitada construcción de hoteles para que luego estén vacíos. Se espera que el 2024 cierre con solo el 24% de las habitaciones de hotel ocupadas.
En cuanto a la distribución geográfica del arribo de turistas, tampoco es equitativa. Matanzas se mantiene como el principal destino turístico, seguida de La Habana, los cayos de Villa Clara y Ciego de Ávila, y luego Holguín.
Mientras tanto, el Gobierno ha otorgado privilegios especiales a empresas extranjeras como Meliá y la gallega Vima, autorizándolas a operar como importadoras directas para garantizar suministros a los hoteles. Esta medida no está disponible para los empresarios nacionales, generando un trato desigual y beneficiando únicamente a compañías foráneas.
García Granda reconoció la necesidad de “un producto turístico digno” que incentive la demanda y destacó que, pese a las dificultades, los ingresos del sector crecieron ligeramente respecto a 2023. Sin embargo, la cifra sigue por debajo de los objetivos económicos planteados por el Estado y todavía se mantiene oculto el balance sobre la rentabilidad de los hoteles cubanos.
Recientemente, la cadena Meliá reconoció que sus establecimientos en Cuba enfrentan una crisis de rentabilidad sin precedentes, registrando ganancias tres veces inferiores a los obtenidos en destinos como México o República Dominicana.
Entre enero y septiembre de este año, los 31 hoteles de Meliá en Cuba reportaron una ocupación media del 39.4%, la más baja en todas sus operaciones globales, salvo en Venezuela.
Por su parte, la tarifa media diaria fue de 83.4 euros, mientras que el beneficio por habitación disponible (revpar) alcanzó solo 34.1 euros, muy lejos de los 120.7 euros en España, 104.8 euros en México o 102.8 euros de República Dominicana.

