
Una cubana de 73 años, identificada como María Antonia Pérez Salazar, fue expulsada de Rusia y enviada el 1 de agosto de 2026 a Uzbekistán, pese a que esperaba regresar a Cuba. La mujer llegó a ese país asiático sin dinero, teléfono ni alojamiento, mientras su hija continuaba detenida por las autoridades rusas y sus tres nietos permanecían bajo protección institucional.
Su historia forma parte de una investigación de la periodista Claudia Padrón Cueto, publicada por CubaNet. El trabajo documentó las experiencias de 11 ciudadanos cubanos trasladados desde Rusia hasta Uzbekistán sin conocer previamente su destino.
Abuela cubana pasó varios días durmiendo en un aeropuerto de Uzbekistán
Tras aterrizar en Taskent, María Antonia encontró refugio en las instalaciones aeroportuarias. Durante varias jornadas utilizó los asientos de la terminal para dormir y sobrevivió gracias a una ración diaria de alimentos proporcionada por funcionarios migratorios locales.
Aunque tenía autorización para abandonar el aeropuerto, carecía de recursos para hospedarse. Su situación cambió cuando conoció a otro emigrante cubano que la acompañó hasta un hostal. El responsable del establecimiento aceptó alojarla sin cobrarle.
Sin embargo, sus dificultades continuaron. La anciana padece glaucoma e hipertensión y no dispone del dinero necesario para adquirir sus tratamientos. También depende de la solidaridad de otros huéspedes para alimentarse y comunicarse con el exterior.
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Una familia cubana separada tras una operación policial en Rusia
María Antonia había llegado a territorio ruso en 2023 junto con su hija, Niosly, y sus tres nietos. En marzo de 2026, una actuación policial terminó con ambas mujeres detenidas y los menores separados de sus familiares.
Las dos adultas fueron trasladadas al centro migratorio de Sájarovo, mientras los niños quedaron bajo responsabilidad de una institución de asistencia social. Cinco meses después, las autoridades ordenaron la salida de la abuela, pero mantuvieron detenida a su hija.
La investigación también recoge el testimonio de Yalina González Morales, una cubana de 29 años que experimentó una situación semejante. Según denunció, funcionarios rusos le indicaron que sería enviada a Cuba, pero terminó en Uzbekistán sin posibilidades económicas para costear su retorno.
Embajada de Cuba no respondió por la separación familiar
La anciana explicó que representantes consulares cubanos facilitaron algunas comunicaciones con sus nietos durante su detención. No obstante, aseguró que no recibió ayuda para organizar su regreso ni resolver la situación familiar.
CubaNet solicitó explicaciones a la Embajada de Cuba en Moscú sobre las gestiones realizadas. Hasta el cierre de la investigación, la representación diplomática no había contestado. Las autoridades rusas consultadas tampoco ofrecieron aclaraciones sobre los procedimientos aplicados.
Mientras tanto, María Antonia permanece pendiente de cualquier información sobre sus familiares. Su prioridad es reencontrarse con ellos, aunque todavía desconoce cuándo podrá abandonar Uzbekistán.
