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PERIÓDICO CUBANO

Anciano protege a más de 100 pelícanos que migran cada año a Cuba

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Anciano protege a más de 100 pelícanos que migran cada año a Cuba

Leonardo Carrillo incluso les ha puesto nombre, pues los considera como de su familia

Pelícanos pardos, la especie que protege Leonardo Carrillo. (Foto: Veit-Flickr)

Un anciano cubano se ha encargado de proteger a más de 100 pelícanos, que migran cada año a la Isla desde hace más de dos décadas.

Según un reportaje de la agencia Reuters, Leonardo Carrillo, de 62 años, quiere a los pelícanos como a sus hijos, e incluso ha bautizado a más de un centenar de estas aves que llega a la playa, cerca de su cabaña de madera, cada año.

“Ellos (los pelícanos) vienen del Norte para acá porque ellos son débiles al frío. En Estados Unidos hay mucho frío, entonces emigran para todo el Caribe (y), vienen a finales de diciembre y están aquí conmigo seis meses”, explicó.

La migración ocurre desde hace más de 20 años, en la playa de Guanimar, Artemisa, donde centenares de pelícanos pardos llegan en diciembre para pasar los meses de invierno y refugiarse en el Caribe de las bajas temperaturas.

Permanecen en los alrededores de la costa fangosa cerca de seis meses, entre acantilados, manglares y zonas arboladas. Las aves vuelven a Norteamérica para el verano.

Carrillo puede identificar a varios de los ejemplares que llegan cada año a la playa en la que habita. Busca la protección y cuidado de todos estos animales.

“Hay algunos (pelícanos) que les pongo nombre y los conozco, aunque pueden parecer todos iguales, pero, en realidad tienen características diferentes”, afirmó.

Aunque los pelícanos pueden alimentarse por sí mismos, Carrillo les recolecta restos de comida del pueblo, y cuando detecta alguno lastimado lo cura hasta su recuperación.

Los pelícanos corren riesgo debido a la acción humana, tanto por la caza como por heridas no intencionales con anzuelos y redes de pescadores, en los que se enredan al tratar de pescar.

“Me gusta cuidarlos porque son aves nobles y cariñosas”, dijo, mostrando cómo comen directamente de su mano.

Carrillo trabajaba en una empresa pesquera estatal, pero esta cerró hace ocho años y desde entonces subsiste de algunas labores extra y las remesas que recibe de su familia en EEUU.

Habita solo en la playa y, aunque tiene tres hijos y cinco nietos, no ha podido verlos en los últimos meses debido a la pandemia de Covid-19.

Para él, los pelícanos son su mayor compañía, por lo que disfruta los meses que permanecen en Cuba y busca la manera de alimentarlos hasta cuatro veces al día, aún con la escasez que atraviesa la Isla.

“Me siento muy solo cuando los pelícanos se marchan. Cuando salen volando al aire me cae una tristeza y un desespero porque llegue nuevamente noviembre. Son prácticamente mis hijos y algo me falta diariamente”, concluyó.

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