
Cuba quedó este lunes 6 de julio completamente paralizada tras una desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional (SEN), confirmada por la estatal Unión Eléctrica (UNE).
La crisis energética del país ya es innegable, y luego de varios días de temer un colapso del SEN ante los elevados déficits registrados la última semana de junio, finalmente el sistema no ha soportado la carga que viene de trabajar sin la principal central termoeléctrica (CTM) del país, la Antonio Guiteras, en Matanzas.
En un escueto comunicado a través de sus redes sociales oficiales, la entidad del régimen informó que “se investigan las causas del colapso”, que dejó sin servicio eléctrico a toda la isla y se convirtió en el sexto corte total registrado desde octubre de 2024.
La empresa eléctrica emitió un breve comunicado en el que confirmó la caída total del sistema y anunció que continuaría ofreciendo información sobre el proceso de recuperación.
Hasta el momento, no se han divulgado detalles sobre las causas específicas del fallo, si bien toda la semana se han registrado déficits elevados debido a que más de la mitad de las plantas eléctricas del país no están funcionando. La interrupción dejó a cerca de 10 millones de personas sin electricidad.
El colapso ocurrió apenas tres horas después del último parte oficial sobre el comportamiento del sistema. En ese reporte, la UNE había pronosticado para la noche una afectación de 2.195 megavatios (MW), lo que habría marcado el cuarto día en una sola semana con déficits superiores a los 2.100 MW.
La caída total del sistema llega después de varios días consecutivos con niveles de afectación históricamente altos. Durante la última semana, el país registró déficits superiores a los 2.000 MW de forma sostenida.
En tres jornadas las cifras rebasaron los 2.100 MW, dos de ellas superiores a 2.200, e incluso se alcanzó además el mayor déficit del año, con 2.645 MW.
En días recientes también se habían producido apagones parciales de gran alcance. Varias provincias permanecieron sin servicio por horas y, en uno de los eventos más extensos reportados este año, toda la región oriental quedó desconectada, afectando simultáneamente a cinco provincias.
Los cortes prolongados y las desconexiones regionales habían mostrado señales de una presión creciente sobre la infraestructura eléctrica nacional antes del colapso total.
Durante las últimas semanas incluso los reportes oficiales comenzaron a proyectar afectaciones que superaban el 70 % de la demanda nacional durante los horarios de mayor consumo.
La crisis energética cubana se arrastra desde hace años y combina varios factores. Las autoridades han señalado repetidamente la escasez de combustible y las dificultades para adquirir recursos debido a las sanciones estadounidenses.
El régimen sostiene que la culpa es de las restricciones económicas impuestas por Washington, que limitan la compra de petróleo, piezas y tecnologías necesarias para mantener el sistema eléctrico, al grado de que el dirigente Miguel Díaz-Canel pidió a los cubanos que dirigieran sus protestas a la administración del presidente Donald Trump.
Sin embargo, especialistas y observadores también han apuntado al deterioro acumulado de las instalaciones eléctricas. Gran parte de las centrales termoeléctricas cubanas opera desde hace décadas y ha enfrentado problemas recurrentes por averías y falta de mantenimiento.
La termoeléctrica Antonio Guiteras, una de las principales fuentes de generación del país, ha sufrido múltiples salidas del sistema durante este año, con reconexiones que en las últimas semanas no han logrado superar las 48 horas consecutivas de funcionamiento.
Durante los últimos meses, la situación se ha vuelto cada vez más crítica en distintas provincias. Los apagones pasaron de ser de 10 horas diarias a más de 20, y afectan actividades básicas como la conservación de alimentos, el suministro de agua, las comunicaciones y el funcionamiento de pequeños negocios.
Mientras comienzan los protocolos para intentar restablecer el servicio, el nuevo colapso vuelve a colocar la fragilidad del sistema eléctrico cubano en el centro de una crisis que ya se había reflejado durante semanas en los reportes diarios de generación y demanda, y que el propio gobierno ha admitido que no tiene cómo resolver.

