
Oficiales de la Policía Nacional Revolucionaria detuvieron esta semana a un ciudadano en las inmediaciones del cajero automático ubicado en Avenida Garzón y Calle 3 de Santa Bárbara, en Santiago de Cuba.
El hombre ofrecía dinero en efectivo a cambio de transferencias bancarias con un interés del 20 por ciento a su favor. Testigos presenciaron el arresto. Un registro domiciliario posterior permitió a los agentes incautar aproximadamente 380.000 pesos cubanos y artículos relacionados con la actividad.
La PNR presentó el operativo como un éxito en el enfrentamiento a las actividades delictivas. Los cubanos en redes sociales lo recibieron de otra manera.
La reacción que el régimen no esperaba
La publicación oficial sobre el arresto detonó una avalancha de comentarios que apuntan en una sola dirección. Lejos de celebrar la detención, cientos de cubanos salieron en defensa del arrestado y señalaron con el dedo hacia otro lugar.
“20%, qué ganga. Lo que atraparon al que no era”; “El verdadero vendedor está dentro del banco”; “Atraparon al más noble”; “¿Al 20%? ¡Si están por los 35% y 40% ya!”; “Ese estaba de buenas. Ese hombre no llegaba a mil dólares. Sin embargo, a los del banco se la dejan pasar”; “Vayan al banco de la Comercial y pregúntenle a la jefa de los cajeros cómo es la historia”. Son solo una muestra del sentir de los santiagueros.
Ningún comentario preguntó por la ley violada. Todos preguntaron por qué la ley se aplica solo a unos pocos, los más vulnerables.
¿Por qué existe el mercado de efectivo en Cuba?
En Cuba existe una brecha estructural entre el dinero digital y el dinero físico que el propio sistema bancario estatal creó y no ha podido resolver.
Las transferencias bancarias proliferaron como método de pago en los últimos años. Muchos comercios, mipymes y trabajadores por cuenta propia las aceptan o las exigen. Pero una parte significativa de la economía informal, los mercados agropecuarios, los servicios domésticos y los pequeños intercambios cotidianos todavía funcionan en efectivo. Y el efectivo no sale de los cajeros automáticos con la frecuencia ni en las cantidades que la población necesita.
Ante esa escasez, surgió un mercado informal de intermediación monetaria. Personas con acceso a efectivo lo ofrecen a quienes solo tienen dinero en cuentas bancarias, cobrando una comisión por el servicio. El 20% que cobró el detenido es, según la opinión de los santiagueros, de los más bajos del mercado. Los comentarios señalan tasas del 35 % y el 40 % como las más habituales.
El banco como origen del problema
La indignación más repetida en los comentarios no apunta al hombre arrestado. Apunta al banco. Varios usuarios sugieren, sin aportar pruebas verificables, que el flujo de efectivo que alimenta ese mercado informal no sale de colchones ni de ahorros privados. Sale de los propios bancos estatales, con la complicidad o el conocimiento de funcionarios internos.
Esas acusaciones no han sido verificadas de forma independiente. Pero la insistencia con que aparecen en los comentarios refleja una percepción extendida entre los cubanos: que hay un nivel del mismo negocio que opera con impunidad dentro del sistema, mientras el que lo hace en la calle recibe las esposas.
El régimen que persigue al síntoma y no a la causa
El primer ministro Manuel Marrero pidió esta semana a los cubanos que se sumen al enfrentamiento de la delincuencia. El caso de Santiago de Cuba ilustra por qué ese llamado genera escepticismo. El hombre detenido operaba en la calle, a la vista de todos, porque el sistema bancario cubano no puede garantizar el acceso regular al efectivo que sus ciudadanos necesitan para funcionar día a día.
Mientras el Estado no resuelva la escasez estructural de liquidez física, seguirá existiendo el mercado informal que la cubre. Y mientras ese mercado exista, habrá personas dispuestas a satisfacerlo, con un 20 %, un 35 % o un 40 % de comisión.
Arrestar a quien opera en la calle sin investigar quién opera desde adentro no es combatir la delincuencia. Es administrarla.