
En un emotivo mensaje durante la eucaristía del Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, el arzobispo de Santiago de Cuba, Mons. Dionisio G. García Ibáñez, expresó con firmeza la difícil situación que atraviesa el pueblo cubano, especialmente después de los devastadores efectos del huracán Melissa.
“Nuestro pueblo está pasando momentos muy difíciles de pobreza, de escasez y, en muchos casos, de miseria. Todo hace falta. Desde medicinas hasta alimentos, todo”, afirmó ante los fieles congregados en la Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad.
El paso del huracán Melissa ha agudizado la crisis económica que Cuba atraviesa desde hace años. Según García Ibáñez, los efectos de este fenómeno meteorológico han dejado al descubierto la pobreza estructural del país.
Sin embargo, el arzobispo subrayó que, a pesar de las carencias materiales, no se puede permitir la pérdida de valores ni la dependencia de ayudas externas. “Lo que necesitamos es tanto que no se puede contabilizar”, dijo con pesar, pero también con esperanza de un cambio.
Solo en Santiago, las autoridades locales acaban de reconocer que más de 6.900 núcleos familiares permanecen pendientes de solución, desde hace 13 años, después de los problemas causados por el huracán Sandy en el 2012.
Ahora, Melissa provoca en esa provincia el derrumbe total de 2 mil 300 viviendas, más de 13 mil derrumbes parciales de techo y más de 6 mil derrumbes totales de techo. Tras casi 20 días del paso del ciclón, más del 45% de la provincia permanece sin energía eléctrica.
A lo largo de su homilía, García Ibáñez hizo un llamado a la unidad del pueblo cubano, subrayando que la solución a los problemas del país radica en el esfuerzo colectivo y el trabajo solidario. En un contexto de crisis prolongada y desconfianza en las instituciones, el arzobispo invitó a la población a reconstruir tanto material como espiritualmente el país.
“Cualquier ayuda que venga de fuera debe agradecerse, pero lo fundamental es el esfuerzo de nuestro propio trabajo para saber recuperarnos”, insistió.
El arzobispo también destacó el rol activo de la Iglesia Católica en la ayuda a los damnificados del huracán Melissa, resaltando la disposición de la comunidad religiosa para asistir a quienes han sufrido las consecuencias de la tormenta. En este contexto, la iglesia cubana ha intensificado su labor humanitaria y espiritual en respuesta a las necesidades de los más vulnerables.
En su mensaje final, García Ibáñez destacó que, aunque los desafíos son muchos, la esperanza en la reconstrucción de la nación sigue viva. “La creación es hermosa, pero las realizaciones humanas pasan. Lo que permanece es el amor a Dios y a los demás”, concluyó, instando a los cubanos a vivir de acuerdo con los valores divinos, para edificar una sociedad más justa y solidaria.


El venerable sacerdote mira a Jesús en la cruz e implora su ayuda. Es mejor hacer una llamada telefónica al Vaticano y pedirle al Papa que envíe ayuda, es más práctico hablar con el representante de Jesús en la Tierra.