
La salida de las cadenas hoteleras españolas de Cuba, como Meliá, estuvo marcada por fuertes presiones de la administración de Donald Trump, según una investigación publicada por el periódico español Diario de Mallorca.
El periodista Matías Vallés aseguró que empresarios mallorquines habrían recibido advertencias directas de Washington para abandonar sus negocios en el territorio cubano.
De acuerdo con la publicación, la presión habría incluido posibles consecuencias para sus actividades internacionales, como restricciones al acceso a sistemas de pago electrónicos y dificultades para obtener financiamiento vinculado a instituciones estadounidenses.
Según la versión difundida por el medio español, la estrategia buscaba aumentar el costo empresarial de mantener inversiones en Cuba, especialmente para compañías con una presencia global y relaciones comerciales con Estados Unidos.
El artículo menciona a Gabriel Escarrer, presidente y principal accionista de Meliá, así como a otros empresarios hoteleros de Mallorca, entre ellos la familia Fluxà y el grupo Barceló, como protagonistas de la retirada de inversiones españolas en Cuba.
“La implicación de Trump que aterrorizó a los mallorquines tuvo una intensidad sin precedentes, viciosa y personalizada. Para persuadir o disuadir a los tacaños isleños, tuvo que amenazarles directamente con echarlos del mercado, con no dejar piedra sobre piedra de sus imperios. Así nos cuadra más la estrepitosa espantada cubana”, dice el texto.
Asimismo, se menciona que los hoteleros más conservadores reconocen que la intervención del Gobierno de Pedro Sánchez no hubiera evitado la salida de las referidas compañías.
Meliá puso fin a 36 años de presencia en Cuba
La salida de Meliá de Cuba se concretó después de 36 años de operaciones en la Isla. La compañía dejó de administrar los hoteles que gestionaba para el Estado cubano tras considerar que las condiciones legales, financieras y operativas ya no permitían mantener sus actividades.
La empresa informó que la decisión estuvo relacionada con la imposibilidad de garantizar una estabilidad mínima para sus operaciones, en un contexto marcado por la caída del turismo, las dificultades económicas de Cuba y el endurecimiento de las sanciones estadounidenses.
El retiro comenzó en junio, cuando Meliá dejó de operar 15 hoteles asociados al conglomerado militar GAESA. La medida estuvo vinculada a la Orden Ejecutiva 14404, firmada por Trump el 1 de mayo, que incluyó a esa entidad empresarial cubana entre las organizaciones sancionadas.
La incorporación de GAESA a la lista de sanciones estadounidenses obligó a compañías extranjeras con vínculos comerciales con el grupo cubano a revisar sus operaciones para evitar posibles consecuencias legales bajo las regulaciones de Washington.
Posteriormente, EEUU amplió las restricciones al Ministerio de Turismo de Cuba y a otras entidades estatales, aumentando la presión sobre empresas internacionales que mantenían negocios relacionados con el sector turístico de la Isla.
Cubanos operan los hoteles abandonados por Meliá
El Ministerio de Turismo de Cuba (Mintur) afirmó que los hoteles que dejaron de ser administrados por Meliá y otras cadenas internacionales continúan abiertos y operando “con normalidad”.
José Antonio Aguilera, consejero de Turismo de Cuba para el Cono Sur y representante del Mintur, aseguró a la agencia estatal Prensa Latina que “los hoteles en la Isla siguen abiertos y el destino continúa operando con normalidad”.
Según las declaraciones, la infraestructura hotelera mantiene una “plena normalidad operativa” y no existen afectaciones para los turistas que llegan al país.
El funcionario explicó que los establecimientos pasaron a ser gestionados por empresas cubanas, que asumieron la atención a visitantes nacionales y extranjeros. Aguilera señaló que la experiencia acumulada durante años de colaboración con cadenas internacionales permitió preparar a trabajadores cubanos para continuar al frente de las instalaciones.
No obstante, la explicación oficial no detalló cómo las nuevas administraciones enfrentan los principales problemas que afectaron a los operadores extranjeros, entre ellos los prolongados apagones, las dificultades de suministro, la falta de combustible y la caída sostenida del turismo hacia la isla.