
Por primera vez en 20 años, la elección presidencial de Bolivia no tiene un candidato de izquierda en la boleta. La segunda vuelta que se celebra este domingo es entre los aspirantes de derecha Rodrigo Paz Pereira y Jorge “Tuto” Quiroga Ramírez.
En la primera vuelta de la elección, Paz Pereira, candidato del Partido Demócrata Cristiano (PDC), obtuvo el 32.44% de los votos, mientras que Quiroga Ramírez sumó 25.05% como abanderado del Partido Alianza Libre (AL).
En esa primera vuelta de las elecciones generales, el pueblo boliviano manifestó un amplio rechazo al hasta ahora oficialista Movimiento al Socialismo (MAS), que dejará de gobernar al país sudamericano tras 20 años en el poder, con una interrupción de la administración interina de Jeanine Áñez Chávez.
El candidato del partido izquierdista, Eduardo del Castillo, solo sumó el 3.17% de los votos, en el marco de un conflicto interino entre el presidente Eduardo Arce y el expresidente Evo Morales.
Aunque son dos candidatos de la misma corriente, cada uno de ellos propone un diferente plan de gobierno que ha generado una polarización de los votantes. Paz Pereira propone un “capitalismo para todos” y un plan que incluye reducción de impuestos y subsidios a los combustibles, mientras que Quiroga Ramírez, alineado con las políticas neoliberales, busca implementar un ajuste fiscal y recurrir a un préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI) para solventar la crisis económica.
Además, Quiroga Ramírez ha propuesto un “cambio radical”, que abarca recortes sustanciales en el gasto público y la posible privatización o cierre de empresas estatales con pérdidas. En contraste, Paz Pereira favorece un enfoque más gradual, manteniendo los programas sociales para los sectores más vulnerables y fomentando el crecimiento del sector privado.
Según una encuesta de Ipsos realizada en septiembre, Quiroga Ramírez cuenta con un 47% de apoyo frente al 39% de Paz Pereira, aunque este último superó las expectativas en la primera vuelta de agosto.
Ambos candidatos se enfrentarán a una situación política compleja, con un Congreso fraccionado y sin mayorías legislativas claras, lo que obligará a negociar con otras fuerzas políticas, incluidos los empresarios como Samuel Doria Medina, quien ocupó el tercer lugar en la primera vuelta.
Las tensiones no solo se concentran en la disputa presidencial, sino también en el papel de Evo Morales en el panorama político. A pesar de los problemas judiciales y los escándalos de corrupción que lo rodean, el socialista sigue siendo un actor influyente en Bolivia, con un fuerte apoyo entre los sectores indígenas y cocaleros del país.
Este contexto desafiante se ve reflejado en la propuesta de ambos candidatos de implementar reformas económicas difíciles, como ajustes fiscales que podrían desencadenar protestas de los sectores más vulnerables, incluidos los sindicatos campesinos y los transportistas.