
Cuba lleva más de seis décadas sin una bolsa de valores convencional, pero en 2026 la idea de volver a negociar acciones, bonos y otros instrumentos vinculados a empresas cubanas ha reaparecido desde dos espacios completamente distintos.
Uno de esos planes se discute en Miami entre empresarios cubanoamericanos que preparan propuestas para una eventual Cuba poscomunista. El otro resulta menos conocido: una compañía que ya opera dentro del ecosistema financiero autorizado por La Habana construyó un prototipo tecnológico llamado precisamente Bolsa de La Habana.
The Wall Street Journal reveló esta semana que empresarios y figuras del exilio llevan meses diseñando proyectos económicos para una eventual transición, incluida una futura bolsa. Periódico Cubano informó sobre las reuniones de cubanoamericanos con grandes fortunas para preparar planes sobre Cuba.
Dos proyectos para una futura Bolsa de La Habana
La iniciativa de Miami forma parte de una planificación más amplia para atraer bancos, fondos de inversión y grandes compañías. Entre sus promotores figura Juan Omar Sixto, presidente de la recién creada Cámara Nacional de Comercio Cubanoamericana. Los planes divulgados contemplan incluso que empresas estatales eventualmente privatizadas puedan cotizar y que ciudadanos cubanos compren acciones.
La idea conecta con un debate previo entre empresarios del exilio. Periódico Cubano ha documentado que multimillonarios cubanoamericanos han hablado de financiar una futura reconstrucción de la Isla, condicionada por algunos de ellos a seguridad jurídica, protección de la propiedad privada y cambios políticos.
Ebioro, en cambio, parte de la tecnología. La empresa desarrolló un prototipo funcional denominado Bolsa de La Habana (BVH), construido sobre la red Stellar. Según su documentación, puede simular emisión de acciones y bonos, dividendos, cupones, órdenes de compra y venta y administración de carteras.
La compañía asegura que el sistema está en fase de “demostración y evaluación con clientes corporativos y aliados estratégicos”, sin identificar públicamente a esos participantes. También aclara que no existen emisiones reales, contrapartes reales ni fondos de clientes.
No aparece en las fuentes públicas consultadas evidencia de coordinación entre el proyecto de Miami y Ebioro. Por ahora son iniciativas independientes que intentan responder, desde contextos muy diferentes, a la misma pregunta: cómo podría volver a funcionar un mercado de capitales cubano.
Una empresa autorizada por el Banco Central ya prueba la tecnología
Ebioro no es completamente ajena al sistema financiero autorizado en Cuba. El Banco Central de Cuba le concedió en 2025 una licencia como proveedor de servicios de activos virtuales, una decisión que Periódico Cubano reportó cuando la empresa lituana recibió permiso para operar con criptomonedas en la Isla.
La Resolución 134/2025 renovó esa autorización y entró en vigor el 28 de enero de 2026. La licencia permite a EBIORO UAB cobrar, pagar, realizar operaciones cambiarias, intercambiar y custodiar activos virtuales, además de prestar determinados servicios financieros relacionados con ellos.
El propio Banco Central amplió este año, de manera limitada, el uso empresarial de criptomonedas al autorizar a diez empresas cubanas a realizar pagos transfronterizos con activos virtuales.
Sin embargo, la precisión es fundamental: la licencia de Ebioro no equivale a una autorización para operar una bolsa de valores. La propia compañía define BVH como un prototipo y reconoce que cualquier lanzamiento real dependería de nuevas autorizaciones y del marco regulatorio correspondiente.
Queda además una incógnita relevante: quiénes son los “clientes corporativos y aliados estratégicos” que ya evalúan la plataforma y qué interés concreto tienen en una infraestructura de este tipo.
Cuba ya tuvo una bolsa y llegó a cotizar 38 compañías
En realidad, el debate de 2026 no sería sobre crear la primera bolsa cubana, sino sobre revivir una institución desaparecida hace décadas. Una investigación del economista Javier Moreno Lázaro, publicada por Cambridge University Press, documenta que el 1 de enero de 1959 cotizaban en La Habana 38 compañías, 11 de ellas vinculadas al azúcar.
El estudio describe un mercado muy condicionado por las exportaciones azucareras. Tras las nacionalizaciones y la transformación del sistema económico, el número de empresas cotizadas se desplomó. En 1961 quedaban solo tres y, después de abril de ese año, la bolsa desapareció efectivamente del panorama financiero cubano. Su liquidación formal no llegó hasta 1970.
Para que cualquiera de los proyectos actuales pudiera convertirse en una bolsa real haría falta mucho más que capital o software: reglas sobre emisión de valores y propiedad accionarial, auditorías, información financiera, custodia y liquidación, protección al inversionista y una autoridad reguladora.
El escenario económico cubano, además, está cambiando parcialmente. Desde septiembre se permiten empresas privadas con más de 100 trabajadores y nuevas facultades para las mipymes.
Eso deja abierta una cuestión que hace pocos años parecía puramente teórica: si Cuba recuperara algún día un mercado bursátil, ¿cotizarían empresas privadas, compañías mixtas, entidades estatales transformadas en sociedades por acciones o una combinación de todas ellas?