
Campesinos cubanos en la Isla de la Juventud expresaron su descontento con el gobierno comunista, al que culpan por la desastrosa cosecha de la papa. Según comentó a la prensa oficialista local Osmar Enrique Garcés González, quien tiene una finca al norte del poblado La Fe, “la cosecha papera de este año resultó bastante incómoda. Los resultados estuvieron muy lejos de lo esperado y esto afectó grandemente el suministro a la población, abastecimiento que no se pudo completar”.
En 2024, este agricultor logró una producción de 24,5 toneladas por hectárea utilizando técnicas agroecológicas con la variedad Naima. Sin embargo, en la campaña 2025, al cambiar la variedad de semilla, los rendimientos cayeron a solo siete toneladas por hectárea. El agricultor resaltó que la nueva semilla no se adaptó bien a las condiciones tropicales de Cuba.
En ese sentido, el productor explicó que, aunque se dispuso de un paquete tecnológico completo, que incluía fertilizantes y productos biológicos, el cambio de variedad fue un error. “Se pusieron todos los huevos en una misma canasta, se arriesgó todo a una variedad desconocida y nos llevamos el chasco”, afirmó.
El gobierno y las autoridades no han ofrecido explicaciones sobre la elección de la nueva semilla que se importó por parte de las empresas estatales asociadas al ministerio de la Agricultura. Ello ha generado aún más frustración entre los campesinos. Muchos consideran que para la toma de decisiones en el nivel central no tuvieron en cuenta la opinión de los campesinos y mucho menos las condiciones del terreno.
No es la primera vez que el sistema de compra internacional del régimen castrista comete errores garrafales, uno de los más sonados fue la compra de barredoras de nieve. En muchas ocasiones, estos inconvenientes surgen, ya sea porque compran al menor precio o los burócratas que salen al extranjero son sobornados por los proveedores internacionales.
Como consecuencia, el abastecimiento de papa en la Isla de la Juventud no se pudo completar. “A no pocos núcleos no pudimos llegarles ni siquiera con una primera vuelta de papas”, explicó Garcés González.
Crisis económica e inflación
Pedro Monreal, en su análisis sobre la economía cubana, ofrece una crítica detallada de los recientes esfuerzos gubernamentales para corregir las distorsiones económicas. A pesar de que la narrativa oficial celebra una disminución en la inflación interanual, Monreal destaca que el impacto de las políticas sigue siendo insuficiente, y nuevas distorsiones emergen.
En primer lugar, cuestiona la confiabilidad de las mediciones oficiales de inflación, sugiriendo que podrían estar subestimando la magnitud del problema.
El economista subraya que, a pesar de la aparente moderación de la inflación, la economía cubana enfrenta una recesión profunda, con una crisis estructural y escasez de liquidez en divisas, lo que hace improbable que los factores de oferta favorezcan una reducción significativa de la inflación en el corto plazo.
Además, señala que el déficit fiscal sigue siendo alto, alrededor del 10% del PIB, lo que limita las opciones para contener la inflación desde el lado de la demanda, llevando a una contracción del gasto real de los hogares.
La pobreza masiva, que ha comprimido las remuneraciones, se ha convertido en una herramienta para reducir la demanda interna, lo que, según Monreal, es lo que realmente está funcionando como “programa” antiinflacionario. Monreal concluye que el repunte inflacionario de mayo podría señalar turbulencias económicas a futuro.