
Una presentación de contrainteligencia elaborada en Cuba y destinada a capacitar a agentes venezolanos expone métodos usados para penetrar, vigilar y debilitar desde dentro a grupos considerados enemigos por el régimen.
El material, identificado como “Tarea Escudo”, fue divulgado en 2019, pero su uso como una posible guía para identificar a agentes castristas infiltrados fue propuesto recientemente por el periodista Rolando Cartaya, de Martí Noticias. Este explicó que el archivo llegó a la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba a través de un opositor venezolano.
El PowerPoint habría sido preparado para entrenar a miembros del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM). El documento usa la expresión “Actividad Subversiva Enemiga” para referirse a sus objetivos y describe un sistema de infiltración, obtención de información, manipulación y ruptura de organizaciones.
“Tarea Escudo” explica cómo penetrar y manipular grupos
Según el reporte de Cartaya, el método comienza con la colocación de una persona o recurso en una posición que permita observar conversaciones, relaciones, contactos y puntos vulnerables. La prioridad es ganar confianza y permanecer cerca de quienes manejan información sensible.
El manual describe además procedimientos para obtener datos sin interrogatorios directos. La persona infiltrada puede mostrarse como aliada, compartir actividades y conducir al objetivo a revelar información de manera consciente o sin advertirlo.
Otra fase contempla crear situaciones controladas para medir reacciones y lealtades. Después aparecen acciones destinadas a frenar iniciativas: convencer a los participantes de posponer decisiones, desviarlos hacia proyectos menos efectivos, provocar obstáculos logísticos o dificultar el acceso a recursos.
Cuando esas medidas no bastan, el esquema incorpora mecanismos para fracturar grupos. Entre ellos figuran el uso de información comprometedora, la estimulación de rivalidades, el descrédito de dirigentes y la profundización de diferencias internas. El texto también menciona el llamado “corte operativo”, que incluye medidas penales, administrativas, exposición pública y “neutralización”.
Estas señales podrían ayudar a identificar a un “seguroso”
El material permite, en teoría, establecer varios patrones de alerta: personas que llegan con contactos o recursos y consiguen acceso rápido; individuos presentes en conversaciones delicadas; compañeros que extraen información con facilidad; figuras que desaconsejan acciones repetidamente o empujan al grupo hacia objetivos secundarios.
También aparecen fallos logísticos difíciles de explicar, filtraciones internas, conflictos amplificados de manera persistente y datos comprometedores que surgen cuando pueden romper relaciones de confianza. Por sí solas, esas conductas no prueban que alguien trabaje para la Seguridad del Estado, pero coinciden con métodos descritos en la presentación.
La infiltración tiene antecedentes conocidos en Cuba. Durante la Primavera Negra de 2003, agentes encubiertos fueron revelados y declararon contra opositores y periodistas independientes procesados en juicios que terminaron con largas condenas. Cartaya cita aquel episodio para mostrar que la penetración de organizaciones disidentes forma parte de una práctica de décadas.
Frente a ese riesgo, el análisis recomienda verificar información por varias vías, limitar el acceso innecesario a datos sensibles, rotar responsabilidades y mantener canales externos independientes. El documento ofrece así una radiografía de cómo la inteligencia castrista busca entrar, observar, influir y dividir desde dentro.