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PERIÓDICO CUBANO

Conejo por detergente: Necesidad obliga a cubanos a regresar al trueque

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Conejo por detergente: Necesidad obliga a cubanos a regresar al trueque

De nada sirve tener dinero si no hay tiendas donde comprar productos básicos

Conejo domesticado

Conejo por detergente: Necesidad obliga a cubanos a regresar al trueque. (Foto de referencia: Wck -Flickr)

La aguda escasez de alimentos y todo tipo de productos básicos en Cuba ha obligado a sus habitantes a recurrir al trueque, una medida arcaica de intercambio en una economía en la que el dinero, que también es escaso, sirve de poco si no hay qué comprar.

Nelson Aguilar solía vender los conejos que cría en la azotea de su casa en La Habana a los restaurantes, pero la pandemia de COVID-19 ha frenado su negocio.

Ahora, el hombre de 70 años usa los animales para intercambiarlos por comida o detergente, evitando así las filas de varias horas en las tiendas locales.

Tanto en persona como en redes sociales, cada vez más cubanos recurren al intercambio para surtirse de lo que necesitan en sus hogares.

“Después que cerraron todos los restaurantes (…) ahora los crío (conejos) para comer e intercambiar”, explicó Aguilar a Reuters, dejando ver tras de sí varias filas de conejos blancos en sus jaulas.

“Cambié un conejo por detergente, porque no me gusta hacer esas colas. Hasta ahora, no he hecho ni una cola”, agregó.

Aunque la escasez ha afectado a Cuba desde la década de los 90, en el último año y medio se ha recrudecido y la colas de horas y hasta noches enteras afectan a todo el territorio.

Muchos empezaron a realizar con más frecuencia transacciones informales por medio de grupos de WhatsApp, redes sociales y en reuniones.

Con estos medios ofertan artículos y aceptan cambios por otros que sean equivalentes y necesarios, una práctica que va en aumento ante los pocos productos que entrega el régimen, que hacen inútil tener dinero cuando llega a haber, pues no hay donde comprar cosas.

Ahora la pandemia ha frenado el turismo, ralentizado las remesas y aumentado los costos de envío, llevando a Cuba a la peor crisis económica desde la caída de su antiguo benefactor, la Unión Soviética, en 1991.

Ya durante la depresión de la década de 1990, los agricultores cubanos cambiaban frutas y verduras por productos manufacturados de los habitantes de la ciudad. En aquel momento, se llegó a cambiar hasta una bicicleta china por un cerdo.

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