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PERIÓDICO CUBANO

Cuando el mafioso Al Capone visitó La Habana

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Cuando el mafioso Al Capone visitó La Habana

Llegó a La Habana en 1928 para observar de cerca el estado del negocio

Al capone en los jardines de la Tropical en La Habana Cuba

Alcalde de La Habana, Julio Morales, Al Capone y el abogado de Capone, J. Fritz Gordon en el Jardín Tropical, La Habana, Cuba (1930) (Foto: Pinterest)

Alphonse Gabriel Capone, Al Capone, uno de los mafiosos más célebres de la historia, también pasó por La Habana, pero ¿en qué contexto se produjo su estancia y con qué objetivo llegó a la mayor de las Antillas? Acompáñenos y conozca todos los detalles.

Durante la década del veinte del siglo pasado y hasta los primeros años de la siguiente, se extendió en Estados Unidos la llamada Ley Seca, que impedía la manufactura, venta, transporte, importación y exportación de alcohol que pudiera ser utilizado como bebida en cualquier territorio de ese país u otros bajo su tutela.

En medio de aquellas circunstancias, comenzó a proliferar el crimen organizado y los mercados negros que se generaban a partir del contrabando de esos deseados líquidos.

En esa etapa, podríamos decir, llega el momento álgido para las finanzas de Capone, pues aprovecha la ocasión para hacerse con una parte importante del tráfico ilegal de alcohol hacia su país de nacimiento. Además de ello, controlaba varios casinos. Algunas fuentes indican que en uno de esos años la fortuna de Scarface llegaba hasta los cien millones de dólares.

Todo parecía tranquilo hasta que la situación en el mar Caribe comenzó a complicarse. En tiempos de Jim Colosimo empezó el traslado de lanchas desde la Florida hasta las Antillas y, luego, con el ascenso de Johnnie Torrio, inició la piratería: sus embarcaciones fueron asediadas por otras cuya tripulación intentaba llevarse el lucrativo botín. Este último capo era el mentor de Capone, quien en 1925 llegaría al mando del entramado tras el retiro de su tutor.

Una vez en la cima, el nacido en Brooklyn en 1899, daría un paso que no habían acometido sus predecesores: negoció con las autoridades, guardacostas y otros funcionarios para que estos persiguieran las lanchas piratas que buscaban hacerse de las mercancías. Por otro lado, también dejarían total libertad para que la organización de Capone se moviera a sus antojos de un lado a otro del mar tropical.

Llegó a La Habana en 1928 para observar de cerca el estado del negocio. Se hospedó en el Hotel Sevilla y pagó por un piso completo para él y su séquito. De su paso por la capital queda una imagen en la que aparece en los jardines de La Tropical, espacio donde estaba ubicada la fábrica de la popular cerveza. Un día compró tres Patek Philippe, relojes suizos de lujo, en la célebre joyería de Obispo, Le Palais Royal. El monto de esa transacción: seis mil dólares. Una cifra de escándalo para la época y con la cual podría haber comprado un yate fácilmente.

Capone se quedó con uno, otro lo regaló al jefe de su seguridad y el último fue a parar al brazo de Rafael Guas Inclán, presidente de la Cámara de Representantes de la República de Cuba por aquel entonces y luego vicepresidente de la nación entre 1954 y 1958, cuando gobernaba Fulgencio Batista. Poco más se sabe sobre su estancia en esta urbe.

Permaneció durante poco tiempo en la ciudad capitalina y nunca más regresó. Con el fin de la Ley Seca, en 1933, su imperio se fue resquebrajando.

Posteriormente sería acusado por varios cargos y encarcelado. A su salida de la prisión, ya no era el mismo: había perdido la lucidez. Murió producto de una neumonía en 1947.

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