
A la ministra de Trabajo y Seguridad Social, Marta Elena Feitó, se le ocurrió decir este lunes que “en Cuba no hay mendigos”. Dice que están disfrazados porque les sale mejor pedir en la calle, reciclar en la basura o limpiar parabrisas; que ellos no quieren trabajar ni pagar impuestos.
La ministra recomendó, incluso, que no se baje la ventanilla ni se ayude a quienes piden dinero en los semáforos. Que eso es cosa de películas, que en Cuba eso no se ve. Ella, por supuesto, se mueve en carro. El resto de los ciudadanos, en guagua, y porque no tienen más remedio. Ella no toca la realidad. No la siente.
La ministra es la cara de una Seguridad Social que cada día está más desmantelada en Cuba. Los jerarcas de La Habana decidieron hace años que los pobres —a quienes llaman “vulnerables”—, los ancianos, los enfermos, los niños y un largo etcétera, son responsabilidad de sus familias. El Estado paternalista, “la Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes”, se desentendió de esa carga, y ahora es problema de cada uno.

En la construcción del socialismo se priorizan más los hoteles vacíos que las barrigas llenas, salvo la de los dirigentes, entre ellos la ministra de Trabajo. Ella no sufre lo que es tener una jubilación de 1.500 pesos o un poco más, una pensión que no alcanza para llegar a fin de mes. Tampoco un salario que se estira desde hace años como chicle en Cuba y que, tras la Tarea Ordenamiento, redujo aún más el bolsillo de los ciudadanos.
A la ministra no le tembló el pulso en la Asamblea Nacional para repetir el cuento de los vulnerables, las leyes aprobadas, los sitios en La Habana que —según ella— priorizan a los que tienen problemas, los bañan, los pelan. Y la misma muela que repiten año tras año, mientras en las calles de Cuba aumentan la miseria, los mendigos, el hambre, la pobreza.
La ministra y todos los dirigentes seguirán. Ellos ya no tienen vergüenza, pero el pueblo no olvida ni perdona. A ellos no les duele lo que pasan los cubanos. Nunca les ha dolido, y cada vez lo disimulan menos.


📌Negar la mendicidad es negar la realidad visible .
👉La ministra afirma que “en Cuba no hay mendigos”, pero basta caminar por Centro Habana, por San Isidro, por cualquier barrio popular, para ver personas hurgando en la basura, durmiendo en portales, pidiendo comida o limosna. No es una percepción ,es una evidencia cotidiana.
👉 Los datos contradicen el discurso oficial
-Según el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, el 89% de las familias cubanas viven en pobreza extrema.
👉En febrero de 2025, la propia ministra reconoció que existen 1.236 comunidades en condiciones de miseria.
👉El Estado ha admitido que más de 3.690 personas viven en situación de indigencia, aunque esa cifra excluye a quienes mendigan cerca de iglesias o sobreviven buscando comida en la basura.
👉 Disfrazar la pobreza como “modo de vida fácil” es una criminalización del hambre
Decir que quienes limpian parabrisas o buscan latas lo hacen por comodidad es ignorar las causas estructurales:
-❇️Pensiones mínimas de 1.528 CUP, cuando se necesitan más de 23.000 CUP mensuales para salir de la pobreza extrema.
-❇️Salarios estatales que no cubren ni una cuarta parte del costo de vida.
– ❇️Escasez de alimentos, medicinas y servicios básicos.
📌 La mendicidad no es una elección, es una consecuencia
👤La ministra habla de “conductas negativas” que deben ser combatidas. Pero 🤔¿cómo se combate la pobreza sin reconocerla?
¿Cómo se ayuda a quien se niega que existe?
Muchos de los llamados “deambulantes” son adultos mayores, enfermos mentales, madres solas, personas sin red familiar.
-👉El Estado no ofrece soluciones reales, los centros de protección están saturados, mal equipados y no aceptan a menores de 60 años.
📌 Éticamente, negar al mendigo es negar al ser humano Decir que “no hay mendigos” es borrar a quienes más necesitan protección. Es una forma de violencia simbólica que deshumaniza y silencia.