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Cuba: El socialismo, la acumulación de riquezas y la propiedad privada

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Cuba: El socialismo, la acumulación de riquezas y la propiedad privada

La desigualdad no es producto de la “actualización del modelo”, viene creciendo desde los años 90 por diversos factores como las remesas, la dolarización, la apertura a inversiones extranjeras, el turismo o la llegada a la vida adulta de los “hijos de papá”.

Finalmente, el parlamento cubano aprobó las bases de la reforma propuesta por el Presidente Raúl Castro y su equipo de gobierno. Sin embargo, lo hizo con algunas reservas, la más sensible de ellas parece girar en torno al eje empresa privada-acumulación de riquezas.

La legalización de la propiedad privada sobre los medios de producción provoca evidentes recelos en algunos diputados. Temen que se produzca una concentración de las riquezas que lleve a la nación a vivir una desigualdad similar a la del resto de Latinoamérica.

Pero los economistas aseguran que sin acumulación de capital la empresa privada no puede desarrollarse. Los empresarios necesitan reinvertir, fondos para soportar perdidas, facilidades impositivas de despegue e incentivos económicos personales.

Llegamos entonces a un punto donde inevitablemente crecerán las diferencias sociales. La economía nacional ya no se puede regir, ni siquiera en el plano teórico, por las reglas socialistas de “de cada cual según su capacidad y a cada cual según su trabajo”.

Aunque en realidad hace mucho tiempo que solo quedaban los jirones de ese principio económico. Desde que, en los años 90, el salario perdió su valor real, el axioma preponderante en la economía parece ser “de cada cual según su sagacidad a cada cual según su picardía”.

Los trabajadores por cuenta propia nunca podrán transformarse en empresarios mientras se les impida la acumulación de capital. Foto: Raquel Pérez Díaz

También perdió aceptación popular la “meritocracia”, según la cual quienes acumularon actividades revolucionarias podían vivir mejor que el resto. El problema es que se hizo hereditario y hoy disfrutan de esos privilegios sus hijos, aunque no tengan la más mínima trayectoria política.

La desigualdad no es producto de la “actualización del modelo”, viene creciendo desde los años 90 por diversos factores como las remesas, la dolarización, la apertura a inversiones extranjeras, el turismo o la llegada a la vida adulta de los “hijos de papá”.

De alguna forma las reformas buscan “legalizar” el país que ya existe. El trabajo por cuenta propia, el pequeño y mediano empresario clandestino o aquellos supuestos gerentes cubanos de empresas extranjeras que en realidad son los verdaderos dueños del negocio.

Con estos cambios se empezaría a integrar a la economía nacional todo este mundo subterráneo, que funciona desde hace muchos años. Ese aterrizaje a la realidad permitirá una mejor distribución de las riquezas cobrando impuestos a quienes nunca los han pagado.

Claro que ahora se presentan nuevas disyuntivas, como ocurre siempre que se deja el inmovilismo y se comienza a caminar. Algunos economistas aseguran que si no se permite alguna concentración de riquezas el cuentapropista nunca podrá transformarse en empresario.

Sin acumulación de capital, los únicos que podrán llegar a ser dueños de las pequeñas y medianas empresas serían quienes reciban dinero desde el extranjero o aquellos que lograron acumularlo durante el socialismo, una gran parte de los cuales son corruptos y/o delincuentes.

De una u otra forma, esa concentración de las riquezas llevará a aumentar las diferencias sociales entre los cubanos y la acumulación en un país pobre puede conducir a que unos pocos se apropien de las mayores cuñas del pastel mientras otros se quedan sin probarlo.

Pero lo cierto es que queda aún mucho por definir: ¿Cuánto empleados podrá contratar una mediana empresa? ¿Cuáles serán los límites de acumulación de capital? ¿Con qué mecanismos redistribuirán la riqueza? ¿Cómo se garantizará la igualdad de oportunidades en una sociedad así?

Los términos “empresa privada” o “acumulación de riquezas” pueden asustar mucho a unos y animar en demasía a otros, pero mientras no se revelen los detalles solo se trata de abstracciones. Y son justamente esos detalles los que definen el modelo socioeconómico futuro de la nación.

Tomado de: blog cartasdesdecuba (autor Fernando Ravsberg)

 

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