
La crisis de chikungunya continúa cobrando fuerza en Cuba, con miles de personas afectadas por los intensos dolores articulares que ha generado la epidemia. Según el Ministerio de Salud Pública (Minsap), más de un tercio de la población cubana se ha contagiado con arbovirosis (zika, dengue, oroupuche y chikungunya).
Yoha Calviño, una cubana convaleciente del virus en Guantánamo, compartió su experiencia con el periodista Alberto Arego, destacando los efectos devastadores de la enfermedad: “Me duelen las manos, las rodillas, cada articulación parece gritar”.
A través de su testimonio, y con el respaldo de los numerosos comentarios de otros cubanos que viven la misma realidad, queda en evidencia la magnitud del sufrimiento que enfrenta la población y la angustia que genera la falta de respuesta efectiva ante la crisis. El gobierno sigue sin fumigar y no hay medicamentos en los hospitales para tratar los síntomas.
Calviño expresó que, además de los intensos dolores, se enfrenta a la impotencia de no poder realizar tareas cotidianas sin esfuerzo, mientras lucha con la incertidumbre sobre cuándo se aliviarán los síntomas. “Cada día se siente más largo. A veces me pregunto si esto pasará pronto”, declaró la guantanamera, en una desgarradora reflexión sobre cómo la enfermedad ha alterado su vida.
Según los especialistas, las complicaciones articulares del chikungunya, que afectan principalmente tobillos, rodillas y codos, pueden perdurar durante años en algunos pacientes. La enfermedad deja secuelas físicas y emocionales, sumiendo a los pacientes en una batalla silenciosa que pocos comprenden.
Los comentarios de los cubanos afectados por la epidemia muestran un panorama desolador. Mayelin Méndez, por ejemplo, expresó: “Te comprendo porque cada cubano que ha pasado por esto sabe lo triste que es sentirse prácticamente incapacitado”.
Otros, como Yamilet Sicre y Aida Martínez, coincidieron en que, aunque los dolores son intensos, la esperanza de mejorar sigue viva. “No me va a apagar”, aseguró Martínez, mientras que Mary González manifestó que “es terrible” pasar por esta experiencia.
La proliferación del mosquito Aedes aegypti, que transmite el virus, ha aumentado considerablemente, debido a la deficiencia en la fumigación y el atraso en la recolección de basura en muchas localidades. La falta de recursos médicos y las condiciones precarias de los hospitales en Cuba han agravado la situación, dejando a muchos afectados sin acceso a los cuidados adecuados.
Para no saturar las instituciones sanitarias, el Minsap orientó que solo se trataran con prioridad a los pacientes con síntomas febriles, especialmente aquellos en grupos de riesgo, como niños menores de dos años, gestantes y adultos mayores.
Si bien el gobierno asegura que la tendencia es a la disminución de casos, 14 provincias siguen con transmisión activa de dengue y chikungunya. La población, que enfrenta una escasez de medicamentos y atención médica, continúa enfrentando la epidemia sin el respaldo necesario.
La palabra chikungunya proviene del idioma makonde, hablado por el pueblo makonde en la región de África Oriental (principalmente en Mozambique y Tanzania). El término chikungunya se traduce literalmente como “lo que se encorva” o “doblarse de dolor”, haciendo referencia a la postura encorvada que adoptan las personas afectadas por los intensos dolores articulares que son característicos de la enfermedad.
El virus fue identificado por primera vez en 1952 en Tanzania y Mozambique, pero se sospecha que ya estaba presente en la región desde mucho antes. El virus se transmite principalmente a través de la picadura de mosquitos infectados de la especie Aedes.
La enfermedad suele ser grave, especialmente en personas mayores y en aquellos con condiciones preexistentes, provocando fiebre, erupciones cutáneas y dolor severo en las articulaciones, lo que puede persistir durante semanas o incluso meses.