
En Fomento, Sancti Spíritus, el dueño de una vivienda preserva desde la década de 1950 una botella de Coca-Cola sin abrir, un curioso hecho que volvió a la conversación pública esta semana tras las imágenes difundidas por Yois Cárdenas en Facebook.
El envase, perteneciente a Carlos Manuel Triana Gómez, se mantiene en perfecto estado y conserva el líquido original, el relieve del logotipo y el color característico de la bebida.
El hallazgo despertó interés en redes sociales por tratarse de un ejemplar intacto que permite reconstruir prácticas de consumo, precios y hábitos sociales de la Cuba anterior a 1959.
Triana adquirió la botella cuando la gaseosa costaba 25 centavos, un monto que, según recordó, la convertía en un lujo para muchas familias. El creador de contenido destacó que el envase nunca se abrió y sugirió que podría ser único en el país por su conservación.
Las fotografías muestran una pieza sólida cuya forma y grabado corresponden al diseño industrial de mediados del siglo XX, cuando la marca estadounidense tenía presencia estable en la Isla y formaba parte de la oferta comercial de las cafeterías y bodegas.
El hallazgo se suma a otros rastros materiales que sobrevivieron al paso del tiempo. En 2024, circularon imágenes de un anuncio antiguo de Coca-Cola en una pared de Santa Clara que permaneció visible pese a los intentos de borrarlo.
Ese mural, unido ahora a la botella espirituana, confirma que la marca dejó huellas que aún emergen en la vida cotidiana y funcionan como recordatorios de etapas previas del país.
La reaparición de estos objetos también se enlaza con testimonios recientes de cubanos que viven en el exterior y ven la Coca-Cola como símbolo emocional.
Un hallazgo con potencial de subasta
Esta botella de Coca-Cola sin abrir podría alcanzar un valor relevante en el mercado de coleccionistas, aunque su precio final depende de varios factores. El estado impecable del envase, la presencia del líquido original y el logotipo grabado aumentan su atractivo, dado que la mayoría de las piezas conservadas de ese periodo suelen aparecer vacías o con desgaste.
De acuerdo con guías especializadas, las botellas comunes de mediados del siglo XX suelen venderse entre 25 y 100 dólares, como explican sitios de referencia en el tema. El sitio web Cysoda, por ejemplo, señala que muchas botellas vintage se cotizan de forma modesta, salvo en casos excepcionales donde intervienen rarezas de fabricación o estados de conservación extraordinarios.
En subastas internacionales se han documentado ventas de ejemplares raros que superan los 300 dólares, y algunas piezas certificadas han rebasado los 1.000 dólares, según guías de colección como la Coca-Cola Collectibles Price Guide y catálogos especializados consultados. Estos informes coinciden en que la diferencia de valor la determina la autenticidad, la condición del vidrio, la nitidez del relieve y la presencia del contenido original.
Si la botella espirituana obtiene una verificación formal que confirme su origen, su integridad y su fabricación en los años cincuenta, podría ubicarse en un rango similar. Su procedencia cubana también añade un componente simbólico que atrae a coleccionistas interesados en la historia comercial de la isla.
En un escenario realista, una oferta de salida entre 300 y 500 dólares sería razonable, con margen de aumento según la demanda del mercado, tal como sugieren las tendencias recientes en ventas internacionales.

