
Un migrante cubano que reside en Estados Unidos desde hace cinco meses provocó una ola de reacciones en redes sociales esta semana, tras publicar un video en el que afirma abiertamente que no planea trabajar en el país norteño y que vive de los beneficios que le ofrece el gobierno.
En su mensaje, divulgado en plataformas como TikTok, Instagram y Facebook, explicó cómo cubre sus gastos con ayudas estatales y sostuvo que no trabajó en Cuba ni piensa hacerlo ahora, mientras espera establecer su propio negocio.
El hombre detalló que recibe 590 dólares de un programa y otros 180 de otro, suficientes para pagar el teléfono y algunos consumos menores. A esto suma ingresos que obtiene mediante su presencia en redes sociales.
“Yo vine a echar pa’lante, pero no a trabajarle a nadie”, afirmó. “No voy a ayudar a otro a sacar adelante su negocio con mi trabajo. Me pueden cancelar, me pueden criticar, pero no voy a trabajar”.
El video desató un intenso debate entre cubanos dentro y fuera de la Isla. Muchos calificaron la actitud como irresponsable y oportunista, y advirtieron que este tipo de comportamiento perjudica a quienes emigran con la intención de integrarse y contribuir al país que los acoge. “Este tipo de personas son las que deberían ser deportadas, no los que llevan años trabajando y pagando impuestos”, escribió una usuaria en Facebook.
El gobierno estadounidense ofrece múltiples programas de asistencia para inmigrantes cubanos recién llegados. Entre estos se encuentran los cupones de alimentos (SNAP), la Asistencia para Refugiados (RCA) y otros servicios sociales. Además, pueden optar por permisos de trabajo mientras avanzan en la regularización de su estatus migratorio.
Sin embargo, estos beneficios están concebidos como un apoyo temporal, no como un sustento permanente. Las autoridades los otorgan bajo el supuesto de que los beneficiarios buscarán integrarse a la sociedad y contribuir al desarrollo económico del país.
El caso ha reavivado una discusión recurrente dentro de la comunidad migrante: la diferencia entre quienes emigran con aspiraciones legítimas de progreso y quienes ven en el sistema de ayudas una forma de evadir responsabilidades. Cuando una persona se niega abiertamente a trabajar, a pesar de tener la capacidad para hacerlo, su conducta puede empañar la reputación de miles de cubanos que sí laboran, pagan impuestos y respetan las normas del país que los recibe.
Más allá de la polémica, este tipo de casos plantea interrogantes sobre el uso ético de los recursos públicos y la necesidad de establecer mecanismos más rigurosos para identificar quiénes realmente necesitan ayuda. Aunque cada historia migratoria es distinta, hay un consenso creciente entre los propios migrantes: quienes rechazan integrarse, se aprovechan del sistema y se burlan de quienes trabajan, contribuyen a alimentar discursos que promueven políticas migratorias más severas.
En un contexto de creciente escrutinio sobre la inmigración, comportamientos como estos no solo pueden justificar medidas de deportación, sino que también afectan la percepción general sobre toda una comunidad. Para muchos, la deportación no debería recaer en quienes han construido una vida honesta, sino en aquellos que, pudiendo aportar, eligen no hacerlo y desprestigian el esfuerzo colectivo de quienes emigran con la voluntad de superarse.
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Que lo manden de vuelta, y jamas ponga un pie aqui nuevamente
Una rata allá y una rata acá. Vago allá y vago acá. Pobre…..
NO VE LA CARA DE SUBNORMAL ES EL HOMBRE BUEVO HECHO POR LA REVOLUCION, DIME LA DIREECION QUE VOY A MANDAR A ICE PARA QUE LO DEPORTEN