
Yenkys González, un trabajador del Obispado de Santa Clara, completó en España el tradicional Camino de Santiago y dedicó esa peregrinación a pedir “un cambio de cualquier forma” para Cuba.
En entrevista para Cubanet, el hombre relató el sacrificio que hizo durante 40 días para recorrer unos 800 kilómetros del Camino Francés hasta Santiago de Compostela. Su testimonio combina la dimensión religiosa del trayecto con una lectura marcada por la crisis que vive la Isla.
La travesía de González resulta poco común entre cubanos residentes en Cuba. Los cubanos apenas aparecen en las estadísticas de la Oficina del Peregrino y el alto costo de viajar a Europa y sostener varias semanas de caminata convierte esa experiencia en un privilegio casi inaccesible.
El santaclareño pudo emprenderla por la invitación de un amigo de su congregación de salesianos cooperadores. El recorrido comenzó en Saint Jean Pied de Port, en Francia, uno de los puntos de partida del Camino Francés. Allí, según contó, llamó la atención desde el momento del registro por ser cubano.
A lo largo de la ruta se fue integrando a un grupo de peregrinos que llegó a reunir a 14 personas, con jornadas de entre 20 y 30 kilómetros diarios y noches en albergues o rentas.
Durante la peregrinación, González aseguró que pensó constantemente en la situación de Cuba. Explicó que el camino fue para él un ofrecimiento espiritual y que lo dedicó a pedir un cambio para el país.
En su relato contrapuso escenas de abundancia vistas en Europa con la escasez cotidiana en la Isla, al recordar árboles cargados de frutas mientras en Cuba, dijo, muchos padres no pueden comprarles frutas a sus hijos.
El testimonio también recoge momentos que interpretó como señales personales. Uno de ellos ocurrió en O Cebreiro, un poblado emblemático del Camino Francés y puerta de entrada a Galicia.
Allí, en la iglesia de Santa María la Real, encendió una vela frente a las reliquias asociadas al llamado milagro eucarístico y permaneció en el templo hasta que la vela se consumió.
Según su versión, mientras lloraba y volvía a pensar en Cuba, alguien le tocó por detrás y le preguntó si era cubano. Dijo que se trataba de un sacerdote también cubano que estaba peregrinando.
Después, al salir del templo, aseguró haber vivido otra coincidencia cuando un vendedor de suvenires le entregó dos pasadores con el escudo del camino y la bandera cubana que, según le dijo, había reservado para alguien especial.
González interpretó ambos episodios como hechos no casuales y afirmó que tiene fe en haber sido escuchado. Su frase más directa resume el sentido político y personal que atribuyó a la caminata: pidió por Cuba “todo el tiempo” y por un cambio “de cualquier forma”.
Yenkys regresó a Cuba y sigue en su trabajo como gestor de redes informáticas del Obispado de Santa Clara y como ingeniero de sonido en el estudio de la parroquia de El Carmen. Ahora espera porque se cumpla su deseo para Cuba.
Aunque muchas personas le preguntaron por qué regresaría a Cuba después de haber salido, González sostuvo que emigrar no era su objetivo. Dijo que aún tiene asuntos pendientes y que su labor está en la Isla.