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PERIÓDICO CUBANO

Cubano relata su experiencia en Fuchu, la prisión japonesa más estricta del mundo

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Cubano relata su experiencia en Fuchu, la prisión japonesa más estricta del mundo

Relata que en los 3 años que pasó allí, comió mejor que en los 34 años que vivió en Cuba

Cubano relata su experiencia en Fuchu, la prisión de japón más estricta del mundo (WEEBLY).

El cubano Iván Larreaga, quien estuvo preso en la cárcel de Fuchu en Japón, considerada la más estricta del mundo, asegura que aunque se arrepiente de su crimen, aprendió mucho en el centro penitenciario.

El sistema carcelario de Fuchu está destinado a que los presos atraviesen por una reinserción completa, para lo que aplican técnicas de estilo militar.

Larreaga llegó en 1994 a Estados Unidos, durante la llamada crisis de los balseros. Como varios de sus compatriotas, no tenía trabajo y con la necesidad de conseguir dinero optó por la vía fácil y se dedicó al tráfico de sustancias prohibidas.

En 1997 le ofrecieron mil 500 dólares por llevar 200 gramos de marihuana en su estómago hasta Japón y el cubano aceptó.

Sin embargo, al llegar al país asiático fue capturado y condenado a 3 años y ocho meses en la prisión de Fuchu.

“Hasta donde sé, soy el único cubano que ha pisado la cárcel más estricta del mundo. Allí todo es milimétrico, todo tiene que ser según lo establecido en los estatutos de la prisión. Me pasé todo el tiempo de mi condena sin poder caminar porque allí no se camina, más bien se marcha y a veces hay que correr”, relató al portal ADN Cuba.

El cubano recordó que los primeros meses padeció mucho no saber hablar el idioma, aunque fue aprendiendo con el tiempo las palabras básicas de los guardias y compañeros.

“No entendía nada de nada los primeros días. Cuando llegué me pelaron al número más bajo que tenía la máquina de pelar, me dieron la ropa y me confinaron en una celda. Ahora no recuerdo el número”, recordó.

El antillano debió acostumbrarse a la disciplina casi militar de la cárcel, respecto a los horarios, ejercicios y rutinas en general.

“Todo es muy psicológico allá adentro, aunque nunca vi una pelea entre reclusos, ni sangre, ni a los guardias tratando mal a nadie”, aclaró.

Lo que más destacó el cubano fue que Fuchu está pensada para que quienes entran, salgan con una buena relación personal.

“Allí adentro aprendí a hacer sillas de madera, a pintar, aprendí inglés y francés, además del japonés. Además, me enseñaron a reparar carros, y actualmente eso es lo que hago en Francia, que es donde vivo actualmente”, explicó.

También aclaró que la comida en la prisión es buena, incluso mejor que en Cuba. “Te puedo decir que allá adentro comí mejor en esos tres años, que en los 34 que viví en Cuba”, aseguró.

Dijo  que por ser extranjero, tenía una celda personal, con televisor, lavabo y una ventana, aunque no tenía mucho tiempo libre, ya que se la pasaba trabajando y aprendiendo.

“Donde más mal la pasaba era en la celda. Cuando terminábamos el trabajo nos llevaban a las celdas donde teníamos un televisor, una cama, un lavabo, y una ventana. Pero me sentía mal porque era donde me sentía más solo. Las celdas de los presos extranjeros eran personales, pero la de los japoneses sí eran como para cinco o seis reclusos”, explicó.

Fuchu es la institución penitenciaria que acoge al mayor número de presos extranjeros en Japón.

“También teníamos tiempo de recreación después del almuerzo. En total ocho minutos para jugar ajedrez, ver TV, leer las noticias, pero todo era en voz baja, no se podía hablar, y cuando terminaban esos 8 minutos, que contaban con un reloj, volvíamos al trabajo hasta la tarde”, cuenta Larreaga.

Pese a lo estricto del sistema que existe en Fuchu, el cubano aseguró que no lo pasó mal e incluso se sintió triste por tener que irse.

Fuchu busca rehabilitar a los reclusos para que puedan integrarse nuevamente a la sociedad, educándolos con disciplina y enseñándoles diversas habilidades, oficios y hasta idiomas.

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