
Cubanos recaudaron más de 323 mil pesos en dos días para el oncólogo Álvaro Pérez Pérez. Lo que empezó con una multa de 4.000 pesos terminó en un gesto de solidaridad entre cubanos que tampoco tienen demasiado. Dieron lo que pudieron para ayudar al único oncólogo de la Isla de la Juventud, multado por un inspector del Estado por vender libretas y ropa usada en el portal de su casa para poder comer.
El periodista Guillermo Rodríguez Sánchez, que destapó el caso y lideró la recaudación, lo resumió con la precisión de quien lleva días contando el dinero y los mensajes: “323 mil pesos en dos días entre transferencias y entrega en efectivo para él por parte de un pueblo que vio reflejado en sí mismo el atropello administrativo al que fue sometido mientras intentaba vender ropa de uso y libretas para comer en su portal”, reveló.
Sorpresa y agradecimiento a partes iguales
Álvaro Pérez Pérez no esperaba los 100 mil pesos del primer día. Tampoco los 323 mil del segundo. Pero lo que más lo conmovió no fue el dinero. Fueron las llamadas.
“Mira cuántos mensajes lindos, incluso personas que ahora mismo están operadas de cáncer llamando para dar su ayuda porque sienten la necesidad de reconocer el trabajo no solo mío, sino de todos los médicos cubanos”, dijo el oncólogo al agradecer las donaciones.
Y luego dijo algo que define todo: “Realmente, son las personas de a pie las que más reconocen el trabajo de un médico aquí. Pero créeme que por la gente vale la pena”. Hace la aclaración porque el salario de un médico no alcanza para vivir en Cuba. Por la gente que lo llama desde la cama de un hospital para decirle: “Gracias”.
Un Estado que multa y el pueblo que repara el daño
Rodríguez Sánchez no dejó pasar la ironía de lo ocurrido. “Nadie sabe para quién trabaja. Quisieron joderlo con 4.000 pesos de multa y desataron una bendición apoteósica”, escribió el periodista. Y luego añadió algo que vale la pena conservar: “Gracias por tu servicio a todas las niñas, niños, mujeres, hombres, ancianas y ancianos con cáncer en la Isla de la Juventud”, concluyó.
Álvaro Pérez es el único oncólogo de la Isla de la Juventud. No hay otro. Las manos que operan tumores en ese territorio son las suyas. Y ese hombre tenía que vender ropa usada en su portal para comprar comida. El Estado cubano, que lleva décadas proclamando su sistema de salud como conquista revolucionaria, le pagaba un salario que no alcanzaba para vivir. Y cuando buscó complementarlo de la manera más modesta posible, mandó a sus inspectores.
Un patrón que los cubanos reconocen
Este no es el primer caso de este tipo. Hace unas semanas, el jubilado Manuel Herrera Acosta, de 81 años en Mayarí, fue multado con 21 mil pesos por vender fosforeras. Antes de él, otros pequeños vendedores informales en distintas provincias recibieron sanciones que representaban meses de su ingreso mensual.
El patrón es siempre el mismo. El Estado no puede garantizar salarios dignos ni abastecimiento. Pero sí puede garantizar que sus inspectores lleguen puntual a multar a quien intenta resolver.