
El pasado 7 de abril, pasajeros de una guagua en ruta entre Camagüey y La Habana recurrieron a algo inimaginable para no quedar varados en la carretera: verter decenas de pomos de aceite de cocina en el tanque de un camión diésel.
Las imágenes circularon en redes sociales y pusieron al descubierto, con crudeza, la magnitud de la crisis de combustible que atraviesa Cuba.
30 pomos de aceite para llegar a La Habana
Lo que captó la cámara de alguien a bordo no era un experimento ni una broma: era la única salida posible. El vehículo, un camión de pasajeros que cubre la ruta Camagüey-La Habana, tenía el depósito casi vacío y el diésel no aparecía por ningún lado.
La solución improvisada consistió en mezclar el poco petróleo restante con 30 pomos de aceite vegetal, que por estos días cuestan alrededor de 1.500 pesos cubanos la unidad. La razón que circuló entre los viajeros lo resume todo: “el petróleo está más caro que el aceite”.
La industria alimentaria cubana se cae a pedazos
La paradoja va más lejos aún. El aceite que terminó en ese tanque es, a su vez, un producto en extinción dentro de las tiendas cubanas. A finales de marzo, el Grupo Empresarial de la Industria Alimentaria reconoció públicamente que la producción de aceites y grasas comestibles atraviesa una situación crítica.
Las causas señaladas: maquinaria obsoleta sin posibilidad de reparación por falta de repuestos, precios internacionales al alza y una capacidad de compra en divisas cada vez más reducida.
Sin petróleo no hay aceite
La entidad estatal apunta a una cadena de colapso que arranca desde el combustible. Según sus declaraciones, desde enero de 2026 Cuba no ha recibido un solo cargamento de petróleo importado.
Ocurre luego de que Washington bloqueara los envíos procedentes de Venezuela, principal proveedor histórico de la isla, y amenazara con aranceles a cualquier nación que intentara suplir ese vacío.
Las consecuencias se extienden a toda la cadena productiva: sin fuel, los insumos necesarios para fabricar aceite, incluyendo aceites crudos, envases, etiquetas, tapas, tampoco llegan a las plantas.
La culpa siempre es del bloqueo
El Grupo Empresarial acudió, como es costumbre, al argumento del embargo para explicar el desabastecimiento. Sus palabras fueron directas: “Detrás de cada gota de aceite que falta en la mesa de las familias cubanas, hay una política diseñada para hacer daño: el bloqueo económico de Estados Unidos”.
Las empresas de Aceites y Grasas Comestibles admitieron que enfrentan una situación límite con la paralización del flujo de materias primas e insumos esenciales para producir aceite.
“El aceite comestible, esencial para la alimentación diaria, se ha convertido en un producto escaso en las redes comerciales. No es por falta de voluntad de nuestros trabajadores. Es por la asfixia deliberada del bloqueo”, sostuvieron.
Ingenio cubano al límite, o el síntoma de algo más profundo
Que un camión de transporte público llegue a su destino gracias al aceite de cocina puede leerse como un ejemplo del ingenio cubano para sobrevivir ante la adversidad. Pero también es la foto más elocuente del punto al que ha llegado el colapso sistémico de la isla: cuando el alimento se convierte en energía no por opción tecnológica, sino por desesperación.

