
Dalia Soto del Valle, nacida en Trinidad, una ciudad colonial al sur de la provincia cubana de Sancti Spíritus, es una figura que ha vivido en la sombra de la historia política cubana. La fecha exacta de su nacimiento no es de dominio público, pero en algunas fuentes se estima que nació alrededor de 1940 o 1941. Esto se deduce de la información que indica que tenía 17 años cuando conoció a Fidel Castro Ruz en 1961.
Desde su juventud, Dalia fue conocida por su aspecto físico: una mujer rubia, de ojos verdes, que desde temprana edad dedicó su vida a la docencia. Su familia, dueña de una finca, sufrió pérdidas significativas de tierras durante la Revolución, situación que contextualizó el inicio de su relación con Castro.
Dalia y Fidel se conocieron en 1961 durante la campaña de alfabetización impulsada por el gobierno revolucionario, que promovía la erradicación del analfabetismo en Cuba. En ese momento, Dalia tenía 17 años y Fidel 36. Según testimonios, Fidel se sintió atraído de inmediato por ella, destacándola entre la multitud durante un evento en Trinidad.
Ordenó a su asistente, José Alberto “Pepín” Naranjo, que la invitara a una velada en la que ambos terminaron encontrándose a solas. Fue el comienzo de una relación que se mantendría en silencio durante muchos años, en un contexto en el que la figura de Castro ya era un símbolo poderoso en la isla.
Aunque comenzaron su relación en la década de 1960, Fidel no incluyó a Dalia en su vida pública ni en el Palacio Presidencial. En lugar de ello, la trasladó a vivir en La Habana, en el barrio de Punta Brava, donde podía visitarla en secreto. Este patrón de encuentros se mantuvo hasta 1979, cuando falleció Celia Sánchez Manduley, la persona más cercana y de confianza para Castro, quien, desde los años de guerrilla, había ocupado un rol especial en su vida y en el gobierno revolucionario.
Un año después, en 1980, Dalia y Fidel formalizaron su relación mediante un matrimonio civil, sin grandes celebraciones ni apariciones públicas.
Dalia y Fidel tuvieron cinco hijos varones, cuyos nombres comenzaban todos con la letra “A”: Alexis, Alex, Alejandro, Antonio y Ángel. Meses después de conocerse en 1961, nació su primer hijo, Alexis, seguido por Alexander en 1963, Antonio en 1969, Alejandro en 1971 y Ángel en 1974. Esta elección de nombres se atribuye a la admiración de Castro por Alejandro Magno y también al hecho de que el propio nombre de Fidel incluía “Alejandro”.
La vida familiar de Dalia fue siempre extremadamente reservada, con una rutina marcada por la discreción. Sus hijos crecieron sin una exposición pública evidente, a diferencia de otras familias de líderes políticos, y cada uno se dedicó a carreras fuera del ámbito político, como la medicina y la informática.
A diferencia de otras esposas de líderes mundiales, Dalia Soto del Valle no desempeñó un papel público o político destacado y rara vez se le veía junto a Fidel en actos oficiales. No obstante, en los últimos años de vida de Castro, su presencia se volvió más notoria. En 1999, se le vio por primera vez en un evento oficial: un juego de béisbol entre Cuba y Venezuela, donde acompañó a su esposo desde las filas posteriores. Posteriormente, asistió a varios eventos importantes, incluyendo el Festival del Habano y una misa pública durante la visita del Papa Juan Pablo II en 1998, siempre manteniendo un perfil bajo y una actitud reservada.
Fidel Castro y Dalia Soto del Valle establecieron su hogar en una residencia de alta seguridad al oeste de La Habana, en la zona conocida como Cero Punto. Este complejo, cuidadosamente resguardado, contaba con comodidades moderadas, sin lujos ostentosos, y era uno de los pocos lugares donde Dalia y sus hijos podían vivir alejados del ojo público. Fidel justificaba esta vida privada con el argumento de proteger a su familia de las amenazas de atentados de la CIA y otros grupos opositores.
A medida que Fidel envejecía y su salud se debilitaba, Dalia se convirtió en una figura de apoyo fundamental. Durante las pocas reuniones que Castro sostuvo en sus últimos años, como la visita del presidente francés François Hollande en 2015, Dalia estuvo presente, aunque fue confundida por algunos con una asesora debido a su bajo perfil. La imagen de esta mujer en ocasiones contrastaba con la del dictador, especialmente cuando él aparecía con su tradicional atuendo deportivo, mientras ella vestía de manera sencilla y sobria.
Tras la muerte de Fidel Castro en 2016, Dalia Soto del Valle continuó manteniendo su vida en la más absoluta reserva. En el tercer aniversario de su fallecimiento, en 2019, se le vio rindiendo homenaje ante el monolito donde reposan las cenizas de su esposo en el Cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba.
Sin embargo, su vida sigue siendo un misterio para la mayoría de los cubanos y el público en general, y su nombre ha quedado casi en el anonimato en un país donde la figura de Fidel Castro sigue siendo omnipresente.
esta es otra complice del ASE…. DE FIDEL …
A Dalia dicen que le gustan las bebidas alcohólicas en exceso, pero no me consta. Hace años (no se cuantos) estando casada con Fidel Castro, uno de los guardaespaldas de ella la encontró en casa de la madre en La Habana bailando con otro guardaespaldas. Se lo dijeron a Fidel Castro, y este estuvo un mes sin ir a la casa donde vivía con ella. Del guardaespaldas bailador nadie sabe a dónde fue a parar. Hubo quien dijo que Dalia hizo cornudo al Comandante, pero no hay confirmación de eso, y el la perdonó, quizás fue solo un baile o un caso típico de tarruo enamorado.