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De Fidel a Raúl, y de Raúl a Díaz-Canel: la misma desgracia

Miguel Díaz-Canel
Díaz-Canel no tuvo que inventar el partido único, la censura, la represión ni el control estatal de la sociedad. (Captura de pantalla © Presidencia Cuba – YouTube)

Hay quienes pretenden defender a Fidel Castro separándolo de la Cuba que hoy padecen los cubanos. Intentan presentar a Raúl Castro y, sobre todo, a Miguel Díaz-Canel como responsables de una tragedia que supuestamente comenzó después de Fidel. Es una maniobra que la historia no puede aceptar.

Fidel Castro no fue una víctima del sistema que hoy existe en Cuba; fue su creador. El monstruo no apareció después de Fidel; Fidel creó el monstruo. Él construyó las estructuras políticas, económicas y represivas que terminarían convirtiéndose en la arquitectura permanente del régimen cubano.

Más de mil invitados extranjeros asistieron a los recientes festejos por el centenario de Fidel Castro en La Habana. (Captura de pantalla © Canal Caribe – YouTube)

Bajo su gobierno aparecieron las UMAP, los actos de repudio, las Brigadas de Respuesta Rápida, la persecución sistemática de la oposición, la censura y el control absoluto de las instituciones. También bajo Fidel se consolidó una economía sometida a la planificación centralizada, se destruyó prácticamente la iniciativa económica independiente y se convirtió al Estado en instrumento de control social.

¿Acaso debemos olvidar los apagones, la escasez, las colas, la miseria y los niños sin leche? ¿Debemos olvidar las golpizas, las cárceles y el miedo? ¿Debemos olvidar que durante décadas millones de cubanos tuvieron que aprender a callar para sobrevivir? No. Y mucho menos debemos permitir que ahora se construya una versión edulcorada de Fidel Castro para culpar exclusivamente a sus sucesores.

Raúl Castro y su familia dieron continuidad al sistema implantado por Fidel. (Captura de pantalla © Canal Caribe – YouTube)

Raúl Castro heredó el sistema de su hermano y lo mantuvo. Introdujo determinadas modificaciones económicas, pero no desmontó el monopolio político ni devolvió al ciudadano las libertades fundamentales. Díaz-Canel recibió ese mismo aparato de poder. No tuvo que inventar el partido único, la censura, la represión ni el control estatal de la sociedad. Todo eso ya estaba construido.

Por eso es intelectualmente deshonesto presentar tres Cubas diferentes: una supuestamente gloriosa bajo Fidel, otra diferente bajo Raúl y una tercera, desastrosa, bajo Díaz-Canel. Hay diferencias entre ellos, naturalmente, pero existe algo mucho más importante: la continuidad del sistema. Fidel creó el modelo. Raúl lo conservó. Díaz-Canel lo administra. Y el pueblo cubano continúa pagando la factura.

Quienes hoy intentan rescatar la figura de Fidel Castro deberían responder una pregunta muy sencilla: ¿Quién diseñó el sistema que permitió que todo esto continuara después de su muerte? La respuesta histórica es inevitable. Fidel Castro.

Por eso no se puede condenar únicamente al administrador del desastre y absolver al arquitecto. Díaz-Canel puede ser responsable de lo que ocurre bajo su gobierno. Raúl también debe responder por su etapa. Pero ninguna de esas responsabilidades elimina la responsabilidad histórica de quien construyó el sistema.

La Cuba de hoy no es una desviación accidental del proyecto fidelista. Es, en buena medida, su consecuencia histórica. Cambió el gobernante. Cambió el discurso. Cambió la forma. Pero el poder siguió en las mismas manos políticas, sostenido por las mismas estructuras esenciales.

No estamos ante tres tragedias distintas; estamos ante la continuidad de una sola. Y esa continuidad tiene un punto de partida que algunos quieren borrar de la memoria: Fidel Castro creó el monstruo. Raúl lo heredó. Díaz-Canel lo continúa. Y la historia no debe permitir que el creador sea presentado como una víctima de su propia criatura.

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