
Fernando Armando Valdés Pérez, el cubano-guatemalteco deportado recientemente de Estados Unidos después de que las autoridades federales lo identificaran como un activo de la inteligencia cubana, realizó durante varios años aportes electorales por un total de $6.900 a las campañas de los congresistas republicanos María Elvira Salazar y Mario Díaz-Balart.
El dato aparece en registros de la Comisión Federal Electoral (FEC) examinados por la periodista Nora Gámez Torres para el Miami Herald y añade una nueva dimensión al caso de Valdés Pérez: mientras, según el gobierno estadounidense, trabajaba desde hacía décadas para penetrar los círculos del exilio cubano, también consiguió acercarse al entorno político de dos de los legisladores más abiertamente enfrentados al régimen de La Habana.
No existe evidencia pública de que Salazar o Díaz-Balart conocieran los presuntos vínculos de Valdés Pérez con los servicios de inteligencia cubanos. Tampoco las autoridades han afirmado que los aportes electorales formaran parte de una operación de espionaje o influencia.
Donaciones del supuesto agente cubano entre 2018 y 2024
Según los registros citados por el Herald, Valdés Pérez aportó $2.900 a la campaña de reelección de María Elvira Salazar en 2022 y otros $1.000 en 2024. Las contribuciones vinculadas a la congresista suman, por tanto, $3.900. En el caso de Mario Díaz-Balart, el hombre entregó $1.000 a su campaña en 2018 y otros $2.000 durante el ciclo electoral de 2024, para un total de $3.000. La suma de las cuatro contribuciones alcanza los $6.900.
El reportaje señala además que la aportación de $1.000 realizada en 2024 a la campaña de Salazar aparece vinculada a Sr Valdes Cigars. Los registros corporativos oficiales de Florida muestran que Sr Valdes Cigars, Corp. fue constituida en junio de 2018 y que Fernando Valdés figura entre sus directivos.
¿Podía donar a campañas estadounidenses?
La nacionalidad de Valdés Pérez tampoco convertía automáticamente sus aportes en ilegales. La Comisión Federal Electoral establece una excepción para los residentes permanentes: quienes poseen una green card pueden realizar contribuciones electorales pese a no ser ciudadanos estadounidenses.
El elemento que complica ahora el caso es que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) sostiene que Valdés Pérez obtuvo precisamente esa residencia permanente de manera fraudulenta, al ocultar deliberadamente su verdadera relación con el gobierno cubano.
Hasta el momento no se ha divulgado una determinación de la FEC que declare ilegales las contribuciones hechas por Valdés ni se ha informado públicamente que las campañas de Salazar o Díaz-Balart enfrenten alguna investigación relacionada con esos aportes.
ICE asegura que se infiltraba en el exilio desde los años 90
Valdés Pérez, de 61 años y residente durante años en Kendall, fue detenido el 10 de julio en el Aeropuerto Internacional de Miami durante una operación en la que participaron ICE, el FBI y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP).
La agencia migratoria informó posteriormente que el hombre había sido expulsado de Estados Unidos el 7 de agosto. Periódico Cubano informó previamente sobre su deportación y los señalamientos en su contra.
En su comunicado oficial, ICE fue más allá de describirlo simplemente como sospechoso. La agencia afirmó que sus investigadores determinaron que Valdés era un “activo de inteligencia cubana” encargado de infiltrarse y reportar información sobre comunidades de exiliados y disidentes en América Latina y Estados Unidos desde, al menos, mediados de la década de 1990.
No obstante, no se han anunciado cargos criminales contra él por espionaje o por actuar como agente de un gobierno extranjero. Su salida de Estados Unidos se produjo mediante un procedimiento migratorio.
Su cercanía con Luis Posada Carriles
Las contribuciones políticas adquieren relevancia porque se suman a otros indicios del extraordinario nivel de acceso que Valdés Pérez consiguió dentro de sectores históricos del exilio.
ICE confirmó que logró ganarse la confianza de Luis Posada Carriles, uno de los adversarios más conocidos de Fidel Castro. Testimonios recogidos posteriormente describieron una relación mucho más estrecha: Valdés acompañaba a Posada a citas médicas, atendía asuntos cotidianos y se convirtió durante sus últimos años en una de las personas que permanecían constantemente a su lado.
Una investigación publicada anteriormente por Periódico Cubano recogió los testimonios de miembros del exilio que aseguraban haber sospechado de Valdés mucho antes de que las autoridades estadounidenses actuaran contra él.
Según la investigación del Herald, su relación con Posada llegó al punto de alojarlo durante más de un año en Guatemala y posteriormente convertirse prácticamente en su cuidador en Miami. Orlando González, director de Rescate Jurídico y amigo de Posada, aseguró que Valdés llegó a moverse entre organizaciones del exilio, congresistas y otras figuras políticas.
Ese contexto convierte las donaciones ahora conocidas en otro ejemplo de la profundidad con la que, según las autoridades estadounidenses, Valdés consiguió integrarse en ambientes diametralmente opuestos al régimen cubano.
Donaba a dos de los principales adversarios de La Habana en el Congreso
La paradoja es especialmente marcada por el perfil de los destinatarios. Salazar y Díaz-Balart han respaldado durante años una política de fuerte presión contra el gobierno cubano y se encuentran entre los congresistas que han promovido sanciones y acciones judiciales contra altos funcionarios de La Habana.
Ambos, junto con otros legisladores cubanoamericanos, incluso han respaldado acciones federales contra Raúl Castro por el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996.
El descubrimiento no apunta hasta ahora a una conducta irregular de los congresistas, pero expone hasta qué punto un hombre que las autoridades estadounidenses describen como un activo de La Habana consiguió construir una apariencia de integración en los sectores más firmemente anticastristas de Miami.