
Un operativo ejecutado por el Ministerio del Interior (Minint) en Guantánamo permitió desarticular una red criminal dedicada a la estafa mediante la compra y venta de dólares estadounidenses (USD). La operación, que abarcó diversos puntos de la ciudad, resultó en la detención de ocho personas, entre las que se incluyen cinco hombres y tres mujeres.
De acuerdo con la información del perfil de Facebook Guantánamo y su Verdad, asociado a los órganos de la seguridad del Estado, los arrestos se producen tras meses de investigación, a partir de testimonios de víctimas que dieron detalles sobre la operación de la red.
La banda, que operaba desde el mes de julio, tenía una estructura interprovincial. Aunque con sede en Guantánamo, los miembros principales provenían de otras provincias como La Habana, Villa Clara y Las Tunas.
Esta movilidad geográfica demuestra la planificación y el alcance de la red, que tenía un organizador local encargado de asegurar los contactos y el alojamiento para los delincuentes durante su estadía en la región.
La operación permitió incautar una cantidad significativa de pruebas, incluyendo más de 100.000 pesos cubanos (CUP) en efectivo, teléfonos celulares y las líneas de comunicación utilizadas para coordinar las estafas a través de redes sociales. Según los informes, la red logró defraudar a sus víctimas por un total cercano a los seis millones de CUP y mil dólares estadounidenses.
El modus operandi de esta red de estafadores fue altamente organizado y meticuloso. Utilizaban una técnica conocida como ingeniería social para ganarse la confianza de las víctimas y despojarlas de grandes cantidades de dinero.
Su método se basaba en monitorear intensamente los grupos de compraventa en redes sociales, especialmente en plataformas como Facebook y WhatsApp, donde seleccionaban a usuarios que ofrecían dólares para la venta.
Una vez elegida la víctima, los delincuentes se ponían en contacto a través de números telefónicos temporales, conocidos como “líneas fantasmas”, para mantener su anonimato y evitar ser rastreados. Estos números eran descartados una vez cumplida la estafa.
El engaño estaba diseñado para parecer legítimo, usando fachadas como médicos, figuras religiosas y ancianos. La red también preparaba “teatros de operaciones” en viviendas acondicionadas como puntos de encuentro.
Estas viviendas servían como escenario para ejecutar el fraude y contaban con rutas de escape preestablecidas, donde un miembro de la red esperaba en una motorina para huir rápidamente con el botín.
Las autoridades insisten en la importancia de que quienes hayan sido víctimas de estafas similares acudan a realizar la denuncia correspondiente, ya que sus testimonios son fundamentales para procesar legalmente a los responsables.
Varios usuarios han compartido experiencias en las que fueron víctimas de personas que, bajo la apariencia de ser funcionarios de empresas de remesas internacionales, solicitaron dinero a cambio de promesas de envíos de paquetes. Sin embargo, estos “funcionarios” desaparecieron sin dejar rastro, dejando a las víctimas sin su dinero y sin respuesta.
La ciudadanía expresa su frustración por la prevalencia de estas estafas y pide un enfoque más estricto por parte de las autoridades. Los comentarios destacan que estos delincuentes no solo son una amenaza económica, sino también emocional, pues explotan la confianza de la gente y se aprovechan de su vulnerabilidad.
“Es hora de que la justicia sea ejemplar”, comentaron varios, haciendo eco de un clamor generalizado para que los culpables reciban sanciones severas y se den lecciones claras sobre la impunidad.

